
La última imagen que Diego Soria Urrea recibió de su madre llegó por WhatsApp a las 8:59 de la noche del martes 5 de mayo. En el video, Juliana Aurora Urrea Escobar mostraba una serpiente de gran tamaño en estado de descomposición y, muy cerca, una enorme araña también sin vida dentro de la vivienda ubicada en el caserío San Pedro, en la cuenca del río Nanay, en Iquitos.
Dos días después, la mujer de 54 años fue encontrada muerta en esa misma casa de campo donde ofrecía servicios turísticos junto a su esposo, Carlos Alberto Pereyra Reátegui. Él también fue hallado en el inmueble, pero en estado crítico y bajo pronóstico reservado.

Desde entonces, Diego Soria no logra apartar de su mente las circunstancias que rodean la muerte de su madre. Dice que hay demasiadas cosas que no encajan y que las primeras diligencias no le dejaron tranquilidad.
“Quiero aclarar que en este momento hasta brujería puedo pensar, realmente creo que puede haber sido asesinato por envenenamiento”, afirmó el hijo de la víctima, mientras insistía en que no cree que su padrastro haya sido responsable.
Según contó, la vivienda permanecía cerrada cuando aparecieron los animales muertos. Ese detalle, sumado a otros hechos previos, llevó a la familia a sospechar que detrás de la tragedia podría existir la intervención de terceros.
SOSPECHAS Y DILIGENCIAS CUESTIONADAS
Diego Soria relató que días antes de la tragedia su madre había tenido un altercado con una persona de la comunidad. Además, le comentó que pretendían quitarle el terreno donde funcionaba el hospedaje familiar.
Para el joven, esos antecedentes deberían formar parte central de las investigaciones. Por eso pidió a la Policía y al Ministerio Público profundizar las diligencias y no descartar ninguna hipótesis.
También denunció presuntas irregularidades en el trabajo inicial realizado tras el hallazgo del cuerpo. Señaló que no se practicaron pruebas toxicológicas inmediatas ni a su madre ni a su padrastro, pese a que ambos fueron encontrados dentro del mismo inmueble.
La necropsia tampoco despejó las dudas. De acuerdo con los resultados preliminares, la causa exacta de la muerte no pudo ser determinada debido al avanzado estado de descomposición del cadáver.
“El caso hasta el momento sale no precisable por putrefacción, porque el cuerpo de mi mamá la encontraron después de dos días”, explicó Diego Soria con evidente impotencia.
Mientras tanto, parte de la comunidad se habría negado a brindar información a las autoridades, situación que incrementó la preocupación de la familia.

TEMOR POR EL PADRASTRO
Hoy, Carlos Alberto Pereyra Reátegui permanece internado en estado reservado. Diego Soria sostiene que su padrastro podría convertirse en una pieza clave para esclarecer lo ocurrido dentro de la vivienda de San Pedro.
Por eso solicitó protección policial para él. El joven teme que, si efectivamente se trató de un crimen, la vida del hombre también pueda correr peligro.
“Es la única persona que puede entregar más detalles de lo ocurrido”, sostuvo el hijo de Juliana Urrea, mientras pedía apoyo para trasladarlo a una clínica privada.
El caso ha generado conmoción entre vecinos y familiares de la víctima. En el caserío San Pedro todavía persisten las preguntas alrededor de aquella vivienda donde aparecieron una mujer muerta, un hombre agonizando y dos animales sin vida que terminaron alimentando las sospechas de la familia.
Ahora, todas las miradas están puestas en las investigaciones que deberán determinar si Juliana Aurora Urrea Escobar murió por causas naturales o si detrás de su muerte existió un hecho criminal.











