
El cuerpo estaba doblado en posición fetal dentro de un costal de rafia color verde con rayas azules y rojas. Tenía manchas de sangre en la nariz y la boca. Vestía un buzo azul marino y un gorro de lana. Así terminó Franklin Mancha Sucasaca, interno del penal de Yanamayo, cuyo cadáver apareció en un garaje ubicado frente al establecimiento penitenciario de Puno.
El hallazgo ocurrió la noche del 7 de mayo y rápidamente generó desconcierto entre vecinos y autoridades. Franklin Mancha, de 49 años y natural de Juliaca, cumplía condena por tráfico ilícito de drogas en el penal puneño.

Las primeras diligencias policiales y fiscales comenzaron alrededor de la una de la madrugada y se extendieron hasta después de las cuatro de la mañana del 8 de mayo. Agentes de la Policía Nacional y representantes del Ministerio Público ingresaron al inmueble donde fue encontrado el cadáver para realizar el levantamiento correspondiente.
Hasta ese momento, el hermetismo dominaba el caso. El Instituto Nacional Penitenciario no había explicado cómo el interno salió del penal ni las circunstancias en las que terminó muerto fuera del establecimiento.
Versiones preliminares señalaron que personal penitenciario detectó horas antes la desaparición de Franklin Mancha y comenzó una búsqueda dentro y fuera del penal. Cerca de la medianoche, el cuerpo fue ubicado dentro de un saco abandonado en un inmueble situado frente a Yanamayo.
EL CUERPO FUE SACADO EN SACOS
Con el paso de las horas, comenzaron a aparecer detalles que complicaron aún más el caso. Según información difundida posteriormente por el INPE, las cámaras de seguridad captaron al interno Alexander Vilca Martín trasladando una carreta con cuatro sacos. En uno de ellos estaba oculto el cadáver de Franklin Mancha Sucasaca.
Pero las sospechas no terminaron ahí. Versiones extraoficiales indicaron que agentes penitenciarios habrían retirado previamente varios costales del penal simulando que eran desechos y que luego regresaron para buscarlos, situación que abrió interrogantes sobre un posible encubrimiento dentro del establecimiento penitenciario.
Vecinos de la zona también advirtieron movimientos extraños. Algunos observaron cómo varios bultos eran trasladados desde el penal hacia un garaje y una tienda ubicada frente al recinto carcelario.
Fuentes de la comisaría Alto Puno señalaron además que el reporte policial elaborado tras el hallazgo presentaba contradicciones. Según esa versión, el alcaide del penal, Fredy López Ramírez, informó primero la desaparición del interno y luego comunicó que el cadáver había sido encontrado en un inmueble exterior.
“O sea, en vez de revisar las celdas, salieron de la prisión y lo hallaron en una casa al frente. No se entiende la versión que dieron”, comentó una fuente vinculada a la investigación.

INVESTIGAN POSIBLE AJUSTE DE CUENTAS
El caso quedó a cargo del fiscal Hugo Vizcarra Mamani, de la Fiscalía Penal Supraprovincial Especializada en Derechos Humanos y Contra el Terrorismo del Ministerio Público, quien dirige las diligencias para esclarecer cómo murió el interno y determinar responsabilidades.
Peritos de criminalística ingresaron posteriormente al penal para continuar con las investigaciones y establecer cómo el cuerpo fue retirado del recinto penitenciario sin ser detectado.
Fuentes vinculadas al caso indicaron también que policías y fiscales intentaron ingresar al penal inmediatamente después del hallazgo, aunque no se les permitió el acceso de manera inmediata.
Hasta ahora, las causas oficiales de la muerte no han sido determinadas. Sin embargo, entre los investigadores surgió la hipótesis de un presunto ajuste de cuentas dentro del penal y de una posterior maniobra para desaparecer el cadáver.
Voceros del INPE sostuvieron que, por las condiciones de seguridad durante la noche, la desaparición del interno no habría ocurrido en los pabellones o celdas, sino posiblemente en uno de los talleres del penal.
Franklin Mancha Sucasaca cumplía condena por narcotráfico y, según fuentes penitenciarias, manejaba dinero dentro del recinto y tenía internos que le brindaban vigilancia. Entretanto, el macabro hallazgo sigue rodeado de preguntas que aún no tienen respuesta.
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