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Kevin Jordan Lucano Tejada había construido su vida alrededor de la medicina. Quienes lo conocían recuerdan a un profesional que no dejaba de capacitarse, que apoyaba a pacientes con COVID-19 y que, cuando encontraba un espacio libre, viajaba para visitar a su familia o participar en concursos de marinera, una pasión que cultivaba desde niño. Nada hacía pensar que el último trayecto hacia su departamento sería también el último de su vida.

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Era la madrugada del 27 de febrero de 2022 cuando el joven médico, de 29 años, regresó al edificio donde vivía, ubicado en la cuadra 25 de la avenida Prolongación Iquitos, en Lince. No estaba solo. Lo acompañaba un ciudadano venezolano con quien ingresó al inmueble a las 2:37 de la mañana, según registraron las cámaras de seguridad.

El joven médico Kevin Jordan Lucano Tejada (29), quien estaba al frente del área de pacientes Covid-19 de una conocida clínica, fue asesinado por un extranjero.
El joven médico Kevin Jordan Lucano Tejada (29), quien estaba al frente del área de pacientes Covid-19 de una conocida clínica, fue asesinado por un extranjero.

Las imágenes muestran a ambos conversando con tranquilidad mientras avanzaban por los pasillos hasta el ascensor que los llevaría al piso 16. Kevin llevaba una mochila. Su acompañante vestía polo, chaleco y sandalias. No había señales de discusión ni de algún comportamiento que despertara sospechas entre quienes los vieron ingresar.

Cuatro horas después, las mismas cámaras registraron una escena completamente distinta. El acompañante descendió solo. Ya no llevaba la misma ropa. Ahora vestía zapatillas y una chompa. Además, cargaba dos maletas, una bolsa de plástico y la mochila con la que el médico había ingresado horas antes. Incluso, en un momento se equivocó de nivel y llegó hasta el estacionamiento antes de dirigirse a la recepción, donde conversó brevemente con el conserje y abandonó el edificio caminando hacia la avenida Javier Prado.

UN DEPARTAMENTO REVUELTO Y UNA MUERTE VIOLENTA

Horas después, la puerta del departamento 1601-B escondía una escena que marcaría para siempre a la familia del médico. Kevin fue encontrado tendido junto a su cama. Tenía las manos atadas hacia la espalda, el cuello envuelto con una sábana y, según otras diligencias policiales, una almohada sobre el rostro. También presentaba un golpe en la cabeza.

El certificado de necropsia determinó que murió por asfixia mecánica por estrangulamiento. Los investigadores también advirtieron que el dormitorio estaba completamente revuelto. Cajones abiertos, ropa esparcida, cajas de cartón abiertas y pertenencias removidas revelaban que el asesino había buscado objetos de valor antes de escapar.

Peritos de Criminalística, agentes de la División de Investigación de Homicidios de la Dirincri y el fiscal de turno realizaron las diligencias dentro del inmueble. Desde un inicio, las cámaras de seguridad fueron consideradas la principal evidencia para reconstruir las últimas horas de Kevin y seguir el recorrido del hombre que salió con sus pertenencias.

Las primeras investigaciones llevaron al coronel Víctor Revoredo, jefe de la División de Investigación de Homicidios, a sostener que el caso respondía a un modelo criminal utilizado por algunos ciudadanos extranjeros. Según explicó, las víctimas eran sometidas físicamente, atadas de manos para obligarlas a revelar las claves de sus teléfonos y tarjetas bancarias, antes de ser estranguladas para facilitar el robo.

Cámaras captaron ingreso y salida del asesino.
Cámaras captaron ingreso y salida del asesino.

LA DESPEDIDA Y LA PRIMERA HIPÓTESIS

Mientras la Policía analizaba videos y recogía testimonios, el féretro de Kevin emprendía un viaje muy distinto. Sus restos llegaron hasta Ilo, en Moquegua, donde padres, familiares y amigos le dieron el último adiós entre escenas de profundo dolor.

Su padre recordó que el joven había estudiado en Brasil, regresó al Perú durante la pandemia y trabajaba en Lima. Incluso tenía previsto viajar a Australia tras recibir una oportunidad laboral. Entre lágrimas pidió justicia y expresó su confianza en que el responsable sería identificado.

Las investigaciones también establecieron que Kevin habría conocido a su acompañante por intermedio de otro amigo. Los vecinos confirmaron que ambos ingresaron juntos la noche anterior, mientras los detectives continuaban revisando las grabaciones del edificio y de las cámaras ubicadas en los alrededores para seguir la ruta de fuga del sospechoso.

Con el paso de las semanas, la Policía informó la captura de Luis Pablo Suárez Rodríguez, un ciudadano extranjero implicado en dos homicidios ocurridos en Lince y Chiclayo. Las primeras pesquisas indicaban que podía tratarse del hombre registrado por las cámaras de seguridad del edificio donde vivía Kevin.

EL GIRO QUE CAMBIÓ TODA LA INVESTIGACIÓN

Sin embargo, la investigación dio un vuelco. Posteriormente se determinó que el hombre que aparecía en las imágenes no era Luis Pablo Suárez Rodríguez, sino Noel José Petit Lugo, ciudadano venezolano de 22 años.

Las autoridades establecieron que Noel Petit era el sujeto que había ingresado junto al médico y que, horas después, salió llevando las maletas y la mochila de la víctima. Según la Policía, también estaba vinculado a los asesinatos de Pedro Pablo Prada García y Raúl Huapaya Morales, ambos estrangulados en un inmueble de La Victoria bajo un patrón similar.

Pero cuando los investigadores seguían sus pasos, Noel Petit ya había muerto. En agosto de ese mismo año fue hallado decapitado en una calle de San Juan de Lurigancho. Un tatuaje con la frase “Perdono, pero no olvido” permitió identificar su cuerpo. Para el coronel Víctor Revoredo, su asesinato obedeció a un ajuste de cuentas con integrantes de su propia organización criminal.

Desde entonces, los esfuerzos de la División de Homicidios de la Dirincri, la Brigada Especial contra la Criminalidad Extranjera y el Ministerio Público se concentraron en identificar a los responsables de la muerte de Noel Petit y a los posibles cómplices que participaron en los asesinatos atribuidos al ciudadano venezolano, entre ellos el de Kevin Jordan Lucano Tejada. Cuatro años después, la familia del joven médico continúa reclamando la misma respuesta que pidió desde el primer día: justicia.

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