Todo empezó con un punteo de guitarra, unas letras improvisadas y un buen rock and roll. Jaime Chincha es de esos periodistas de raza, que la pandemia no lo sacó huyendo, más bien le hizo poner el pecho a las balas. En RPP y en las calles es una voz respetada, porque la vida le dio dones para sobrevivir.
Soy arquero.
En cancha de fulbito sí.
Fui ‘hippie’.
Jean roto y tocaba guitarra.
Los de Fito Páez y Enanitos Verdes.
He conquistado a más de una chica, ja, ja, ja.
Cantaba y le brillaban los ojitos.
Quería ser como Gianmarco y terminé de periodista.
Tengo dos pies izquierdos.
Con dos cervecitas.
Lo mío era en galerías Brasil.
Me gusta la chicha.
De chico, me iba los fines de semana a Chaclacayo con mi familia y regresábamos domingo en la tarde. Pasábamos por la Carretera Central y veía los letreros a colores y la alegría de la gente. Eso me hizo querer ese ritmo.
Sirvió para integrarme a mi nueva vida.
Estudié en el colegio Champagnat hasta cuarto de secundaria.
La crisis del ‘paquetazo’ de Fujimori nos movió y tuve que irme a un nacional, en San Luis.
Pasé de hacer trabajos con mis compañeros en sus casas de San Isidro a ir a Yerbateros.
Un poco, como era blanquiñoso me miraban como ‘pituco’.
Al principio me miraban como alguien extraño, pero el colegio era mixto...
La guitarra, tenía mi pinta y encima jugaba de arquero. Las chicas me recibieron bien y luego los hombres.
Era increíble cuando te atrasabas con las pensiones.
Entraban al salón y sacaban a los que no habíamos pagado, nos paraban en la cancha de frontón.
Los compañeros salían al recreo y se enteraban de que tu viejo no tenía plata para pagar.
Mi ídolo de los noventa. Tiro libre para Perú y gol de él. Encima salió campeón, años después, con mi equipo, la ‘U’.
Ese día me probé como periodista.
Y él no reconocía que estaba en un error.
Sí, pero lo noté forzado.
Me llamaron de un programa del mismo RPP, que él deseaba hablarme y me dijo: ‘señor Jorge Chincha’.
Bonita manera de decirme: ‘¿Quién eres?’.
Juan Carlos Oblitas. Un hombre que le hace bien al fútbol peruano.
Deben hacer un billete con su rostro.
Siempre he sido obeso y ahora corro quince kilómetros en hora y media.
Sí, respondí que todos somos mestizos. El día que entendamos eso vamos a avanzar.
Jean roto, un morralito colgando de mi hombro y tres soles en el bolsillo.
Al diario Trome, un gran saludo. Han entrado en el corazón del pueblo. Mis respetos.
Sencillo, risueño y sin apariencias. No se pulió para responder. Como lo afirmó el escritor Rick Godwin: ‘La sinceridad no es decir todo lo que piensas, sino sentir todo lo que dices’.
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