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El distrito de La Arena, en Piura, amaneció distinto desde aquel día de agosto del 2025. El calor seguía siendo el mismo, pero el aire se volvió más pesado, cargado de rabia y tristeza. Xiomara Huertas Santiago, universitaria de apenas 18 años, había sido encontrada sin vida. No estaba lejos. Nunca lo estuvo. Su cuerpo yacía enterrado en el corral de la vivienda donde vivía su tío político, el mismo hombre que hoy es señalado como su asesino.

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La joven había llegado desde la ciudad de Piura para pasar vacaciones con su madre. Mientras los adultos trabajaban en el campo, Xiomara quedó sola. Nadie imaginó que ese silencio cotidiano terminaría convirtiéndose en el escenario de un crimen atroz. Cuatro días después de ser reportada como desaparecida, la verdad emergió desde la tierra removida de un corral.

Jorge Silva Álvarez, tío de la víctima, fue linchado por vecinos y familiares.
Jorge Silva Álvarez, tío de la víctima, fue linchado por vecinos y familiares.

El hallazgo fue brutal. Xiomara estaba maniatada, en posición fetal, con signos de violencia. La necropsia confirmó que murió por asfixia. Había sido enterrada en un hoyo profundo, cubierto con cuero de vaca y desechos para ocultar el olor. Todo ocurrió dentro de una vivienda familiar, en un entorno que debía ser seguro.

EL HORROR BAJO LA TIERRA

Fueron unos jóvenes del sector Vichayal quienes notaron algo extraño: tierra recién removida en un corral donde había un toro. Alertaron a la Policía. Al retirar al animal y remover una letrina improvisada, los agentes encontraron el cuerpo de Xiomara dentro de una bolsa de urea, atada con soguillas.

La noticia se regó como pólvora. La indignación estalló. Vecinos y familiares, desbordados por la rabia, intentaron tomar justicia por sus propias manos contra Jorge Silva Álvarez, tío político de la víctima. La Policía tuvo que intervenir con bombas lacrimógenas y disparos al aire para evitar un linchamiento y asegurar su traslado.

La casa del sospechoso fue atacada a pedradas. La tensión se apoderó de La Arena. Nadie podía entender cómo alguien que incluso participó en la búsqueda de la joven terminó siendo señalado como el principal responsable de su muerte.

Xiomara no era una desconocida. Estudiaba Ciencias de la Administración en la Universidad Nacional de Piura. Sus compañeros la recuerdan alegre, bromista, siempre con una sonrisa. “Ha dejado un vacío en el aula”, dijo una de sus amigas, aún incrédula.

UNA VOZ QUE YA HABÍA ADVERTIDO

Con el paso de las horas, la indignación creció al conocerse que Xiomara habría señalado a su tío político por acosarla sexualmente. Según su familia, incluso había contado que él intentó grabarla mientras se bañaba. La joven alertó a su madre. El miedo ya estaba ahí.

La herida se abrió más al revelarse que Jorge Silva Álvarez tenía una denuncia previa por tocamientos indebidos a una menor de edad en Lima, presentada años atrás. Para los deudos, la historia pudo ser distinta si aquella denuncia hubiera tenido consecuencias.

“Mi hija no murió, a mi hija la mataron”, gritó entre lágrimas Milagros Santiago, la madre de Xiomara, durante la multitudinaria marcha realizada en Piura. Más de mil personas caminaron con globos blancos y morados, pancartas y un solo clamor: justicia.

A la movilización se sumaron colectivos, vecinos y familiares. El pedido fue unánime: prisión preventiva y la máxima sanción para el responsable. El dolor se volvió colectivo, atravesando calles, plazas y avenidas.

“Mi hija era muy tranquila, alegre, éramos tan felices, me prometió que iba a ingresar a la UNP e ingresó, pero ese desgraciado me le truncó su carrera, su vida, cuando ingresó, que orgullosa estaba de ella”, recordaba Milagros con el corazón hecho en mil pedazos.

Xiomara Huertas habría sido ahorcada y enterrada en el corral de su vivienda. (Foto: Composición)
Xiomara Huertas habría sido ahorcada y enterrada en el corral de su vivienda. (Foto: Composición)

EXIGEN LA PENA MÁXIMA

El Poder Judicial dictó nueve meses de prisión preventiva contra Jorge Junior Silva Álvarez, investigado por el delito de feminicidio. La Fiscalía sustentó su pedido en peritajes, actas policiales, necropsia y declaraciones que lo vinculan directamente con el crimen.

El juzgado consideró que existe riesgo de fuga y de obstaculización de la investigación. Mientras tanto, el acusado permanecerá recluido en un penal. La investigación continúa y las pruebas serán determinantes.

Otro tío de Xiomara, Julio César Mechato, pidió cadena perpetua por la muerte de su sobrina, “Ha habido tortura; secuestro, porque la ha tenido secuestrada, y feminicidio, y eso debe evaluar bien la fiscal para que haga el requerimiento ante el juez de cumplir una cadena perpetua”, dijo Mechato.

Xiomara recibió el último adiós entre globos blancos y llanto. Su cortejo fúnebre recorrió Villa Vichayal acompañado por una multitud que no dejó de repetir su nombre. “Hijita de mi vida, ¿por qué te hicieron eso?”, sollozaba su madre.

En La Arena, el dolor sigue abierto. La tierra ya fue removida, pero la herida permanece. Xiomara tenía sueños, planes, futuro. Hoy, su nombre se suma a la larga lista de víctimas de la violencia que el país aún no logra detener. Y Piura no piensa olvidar.

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