Un Ikarus transitando por la Vía Expresa en sus primeros años.
Un Ikarus transitando por la Vía Expresa en sus primeros años.

Hace muchos años, cuando todavía no existía el Metropolitano, el tren eléctrico solo era un sueño y el tráfico no nos quitaba años de vida, circulaban por la apacible Lima unos buses articulados con una especie de acordeón llamados Ikarus, que pertenecían a la Empresa Nacional del Transporte Urbano del Perú (Enatru), y que movilizaban diariamente a cerca de 80 mil personas.

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La recordada lingüista Martha Hildebrandt, que falleció hace pocos meses, definió así a los Ikarus en su página ‘El Habla Culta’ en diario ‘El Comercio’: “Durante algunos años designó en nuestro castellano a un autobús de dos módulos articulados, para el transporte público urbano, con paraderos fijos y parte de recorrido en vía rápida. Estos vehículos pertenecían a Enatru y circularon por nuestras calles desde los años 70″.

Debían su nombre a la marca húngara que los fabricaba, pero en el Perú se les conocía también como ‘Ícaros’, por ser más fácil su pronunciación. Inicialmente recorrían la Vía Expresa, pero para finales de los años 80 comenzaron a expandirse hacia las otros lugares de Lima, por lo que transitaban avenidas como Javier Prado, Alfonso Ugarte, la Panamericana Norte, entre otras.

Sin embargo, a principios de los años 90, la empresa Enatru –compañía a la que pertenecía estos vehículos– empezó a tener serios problemas que terminaron generando su total desaparición.

EL INICIO

Tras la construcción de la Vía Expresa, en los años 60, se esperaba que la berma central sirva para la circulación del ansiado Metro de Lima, pero esa obra nunca llegó a concretarse y el entonces alcalde de la capital, Eduardo ‘Chachi’ Dibós, decidió aprovechar el espacio para que fuera recorrido por unos buses articulados contratados de Hungría.

Así, en 1975 y con un total de 50 buses en forma de acordeón, similares a los que hoy tiene el Metropolitano, los Ikarus iniciaron su recorrido por el ‘Zanjón’. Ya para 1988, la empresa contaba con unas 52 rutas en la capital y cerca de mil unidades de transporte, de los cuales, 500 de ellos se dirigían hacia las nuevas zonas de Lima: “los conos”.

Eran amarillos, como toda la flota de Enatru, porque en 1966, antes de los Ikarus, la empresa municipal recibió la donación de 150 vehículos alemanes de color mostaza. Cuando alguien pensó en que sería buena idea pintarlos con los colores de la bandera del Perú, la oficina de la Cooperación Alemana protestó porque indicaba que ese color tenía un sentido técnico pues, a la vez de permitir la visibilidad del vehículo desde lejos, no se trataba de un color chillón que pudiera perjudicar la visión de otros choferes y producir accidentes (como sí podría suceder con el rojo).

En 1991, Enatru ya contaba con más de 1200 buses de las marcas Volvo, Mercedes Benz e Hinos, aunque la gente les seguía llamando a todos Ikarus o ‘Ícaros’, pese a que ya no eran de la empresa húngara. En su mejor momento llegó a transportar a 80 mil limeños diariamente.

Al inicio de la circulación del Enatru tenia un costo accesible para todos los pasajeros de 50 a 70 céntimos. Sin embargo, durante la última etapa de vida de Enatru llegó a un precio de S/1.20 por cada ruta.

LA CAÍDA

Los serios problemas políticos, culturales y económicos que enfrentaba el Perú durante la década de los años 90 provocaron que los buses Ikarus desaparecieran del mercado automovilístico.

Los llamados Ikarus empezaron transitando por la Vía Expresa, pero poco a poco fueron ampliando sus rutas.
Los llamados Ikarus empezaron transitando por la Vía Expresa, pero poco a poco fueron ampliando sus rutas.

De acuerdo con el historiador Miguel Marticorena, en un artículo publicado en el diario ‘El Comercio’, uno de los factores que motivaron la desaparición de este tipo de servicio fue el terrorismo.

Como la empresa era la única que no detenía su servicio de transporte durante los ataques causados por Sendero Luminoso, en venganza, los subversivos de este partido prendían fuego a los buses en distintos paraderos. Se estima que se incendiaron más de 100 vehículos.

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Otra de las razones y la que más influyó, según comenta el historiador, fue la alta carga laboral con la que contaba la empresa de buses. Ante este panorama, y con más de 4.000 trabajadores que no podían mantener, en 1992 se decidió dar paso a la privatización y entregar los buses como parte de pago a los trabajadores.

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