Este domingo 9 de mayo celebraremos el Día de la Madre, de seguro muchas personas ya tienen todo listo para agasajar al ser más querido de nuestras vidas, pero no vendría nada mal recitarle algunos poemas durante el desayuno o el almuerzo, pues ella se merece lo mejor.
En esta nota le dejamos unas poesías que las pueden enviar a su madre en el caso de que las tengan lejos o las puedes recitar en casa en compañía de toda la familia.
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Es una poetisa y diplomática chilena, Gabriela Mistral fue la primera persona de Sudamérica en recibir el Premio Nóbel de Literatura. Escribió un gran número de poemas dedicados a su madre, entre los que se encuentra ‘Madrecita mía’. A continuación incluimos uno de sus versos:
“Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.
Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo,
deja revolverlo
sobre tu regazo.”
Nicomedes Santa Cruz fue un hombre polifacético. Nacido y fallecido en Perú, fue periodista, poeta, músico, herrero. Nicomedes cuenta con una prolífica obra a sus espaldas. Uno de sus poemas, ‘¡Ay Mamá!’, lo dedicó a su madre, y en él la llama desesperadamente:
“A la sombra de una palma
Quise librarme del sol,
Quise libarme del sol
Y me estoy quemando el alma...
Estoy perdido en Brasil
Entre cimbreantes palmeras.
¡Ay mama,
si tú me vieras,
si tú me vieras,
si tú me vieras...!
¡Ay mama!”
Este mexicano repartió tu tiempo en diversas actividades, abogado, militar y periodista. Y a lo que menos hizo fue poesía, pero aún así escribió grandes poemas. Entre ellos está éste, ‘A mi madre’, del que incluimos un verso a continuación:
“¡Oh, cuán lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormías!
¡Con que grato embeleso recogías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetías!”
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Espino fue un poeta salvadoreño, murió siendo muy jóvenes. Luego de morir se publicó un libro ‘Jícaras Tristes’, a modo de recopilación de todas las poesías que había escrito hasta el momento. ‘Las manos de mi madre’ es una de esos poemas, y en él Alfredo Espino se dirige a su madre de la siguiente manera:
“Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!”
Unamuno es uno de los escritores de mayor renombre de la Generación del ’98, se dedicó, sobre todo, a la novela, escribiendo obras tan famosas como ‘San Manuel, bueno, mártir’. También produjo poesía, y dedicó el poema ‘Madre, llévame a casa’ a su madre. Uno de sus versos lee así:
“Madre, llévame a la cama
Madre, llévame a la cama.
Madre, llévame a la cama,
que no me tengo de pie.
Ven, hijo, Dios te bendiga
y no te dejes caer.”
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