Espacio patrocinado

Faltan pocos días para que ruede el balón. El Estadio Azteca de Ciudad de México abrirá el primer Mundial de la historia con 48 selecciones, repartido entre tres países: México, Estados Unidos y Canadá y con 104 partidos en 39 días, hasta la final del 19 de julio en el MetLife de Nueva Jersey. Es el torneo más grande jamás organizado, y las ganas se sienten mucho antes del pitazo inicial.

El ambiente mundialista ya se nota en todas partes: en las conversaciones de la esquina, en la publicidad que copó la televisión y los paneles, en los álbumes de figuritas que reaparecen y hasta en las. Todos esperan lo mismo: que el balón empiece a rodar. Pero antes de que suene el pitazo inicial, ya hay otra final disputándose en silencio: la que ocurre en las tiendas, en los clósets y en la pantalla del celular.

Alrededor de una Copa del Mundo se mueve mucho más que una pelota. Derechos de televisión, el álbum de figuritas que cada cuatro años vuelve a ser obsesión familiar, las búsquedas en internet que se disparan y, sobre todo, un río de camisetas. Y esta vez la corriente trae algo distinto: la ropa de fútbol salió de la tribuna y se convirtió en tendencia de calle.

Cuando la camiseta deja de ser solo ropa deportiva

El fenómeno tiene nombre: footballcore. En su versión más pura, es una camiseta retro de selección o club, jeans rectos o anchos y unas zapatillas clásicas tipo Adidas Samba. Nació en TikTok hacia 2023, cuando un puñado de creadores empezó a usar como prenda diaria las casacas que antes solo aparecían en estadios o en el fútbol de los domingos. De ahí saltó a las pasarelas: marcas de lujo coquetearon con el código futbolero y figuras como Bella Hadid se pasearon con camisetas vintage de clubes italianos e ingleses.

Lo interesante no es solo que esté de moda, sino por qué. La camiseta de fútbol funciona como un lienzo cargado de historia: , cuellos estructurados, escudos bordados, auspiciadores de otra época, combinaciones de colores que ningún diseñador se atrevería a inventar hoy. Es ropa, sí, pero también es identidad y memoria envueltas en poliéster.

Brasil 70, Argentina 86 y los íconos que no envejecen

Hay camisetas que trascienden el resultado del partido. La amarilla de Brasil de 1970, la del fútbol total con Pelé, sigue siendo un objeto de deseo medio siglo después. La celeste y blanca con la que Diego Maradona levantó la Copa en México 86 se reedita una y otra vez porque evoca una de las imágenes más repetidas del deporte. La naranja de Holanda de finales de los ochenta, la de Colombia con Carlos “el Pibe” Valderrama en Italia 90, los uniformes imposibles del arquero mexicano Jorge Campos: cada una cuenta una historia que el hincha reconoce de memoria.

Ese es el motor del coleccionismo. Una camiseta original de aquellas, en buen estado, puede costar cientos de dólares en plataformas de reventa, y las ediciones más raras se cotizan como piezas de arte. No se compra una prenda: se compra el recuerdo de un gol, de una tarde frente al televisor, de una eliminatoria que se sufrió en familia.

El “efecto Nigeria” y la escasez como combustible

El caso más comentado de la última década llegó en Rusia 2018. La (verde con un patrón de zigzag inspirado en el uniforme de 1994) se volvió un fenómeno mundial. Antes del torneo acumuló alrededor de tres millones de pedidos anticipados y se agotó en cuestión de horas el día de su lanzamiento, con colas afuera de las tiendas en Londres. Casi nadie en esas filas era hincha nigeriano; muchos solo querían la prenda más codiciada del momento.

Ahí está la clave del ciclo. La marca lanza una edición limitada, las redes amplifican el deseo, la escasez dispara el valor y la reventa hace el resto. Cuando el stock se agota, la camiseta pasa de ser ropa a ser “pieza”, y la nostalgia se encarga de mantenerla viva hasta el siguiente Mundial, cuando todo vuelve a empezar.

Nostalgia, identidad y el hincha que se reconoce en una tela

Para el aficionado, este lenguaje es familiar. La blanquirroja con la franja diagonal es, posiblemente, una de las camisetas más reconocibles del planeta, y basta un Mundial ajeno para que reaparezca en las calles de Lima como si la clasificación estuviera a la vuelta de la esquina. El hincha peruano no necesita estar en el torneo para sentirlo: le alcanza con la memoria de México 70 o de España 82 para sacar del cajón una casaca y ponérsela.

Esa es la paradoja bonita del footballcore. Reúne a dos públicos que casi nunca se cruzan: el coleccionista que persigue una edición original de los noventa y el joven que descubrió la prenda en un video de quince segundos y la combina con un pantalón ancho sin saber quién jugó con ella. Ambos terminan vistiendo lo mismo, movidos por razones distintas. Uno honra una historia; el otro la reinventa.

El Mundial 2026 amplifica todo eso por su escala. Tres países anfitriones, 16 ciudades sede, un formato inédito y una nómina de estrellas, de Lionel Messi a Kylian Mbappé, de Lamine Yamal a Erling Haaland, garantizan que el ruido empiece mucho antes del primer partido. Cada selección presentará su uniforme, cada lanzamiento generará su propia ola de comentarios, y los modelos descartados de mundiales pasados volverán a ganar valor por contraste.

La tela que guarda recuerdos

Conviene no exagerar: una camiseta no gana partidos ni reemplaza al fútbol jugado. Pero explica algo de por qué este deporte se mete tan hondo. Una casaca vieja, descolorida y con el escudo medio despegado, puede contener más recuerdos que un álbum de fotos. Está la final que se vio con el abuelo, el primer Mundial que se siguió completo, la eliminatoria que dejó el corazón en la boca.

El footballcore, al final, no inventó nada. Solo le puso nombre a algo que el hincha siempre supo: que la pasión por el fútbol también se viste. Y mientras el balón siga rodando cada cuatro años, las camisetas seguirán saliendo del cajón, volviéndose tendencia, agotándose y guardándose otra vez, listas para el próximo Mundial. El espíritu del fútbol nunca se fue del todo. Solo esperaba, doblado, a que llegara junio.

Reportaje publicitario

Contenido sugerido

Contenido GEC