
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por unas milanesas de pollo con papas doradas, ensalada con vinagreta y, para tomar, una limonada frozen.
“María, prácticamente todos los días los extorsionadores disparan a choferes del transporte público. Lo más triste es que ya estamos comenzando a normalizar esta situación de terror.
El último martes, en San Juan de Miraflores, un pistolero mató al joven conductor de una combi de ‘Los Rojitos’ y a dos pasajeras. El criminal cruzó la calle a pie, se paró en medio de la pista y disparó a sus víctimas sin compasión. Luego, se dio media vuelta y se fue trotando.
Llama la atención la sangre fría de esa alimaña al quitarle la vida a tres personas. Lo hizo con la tranquilidad de quien sale a pasear. La noche del jueves capturaron a un sujeto como sospechoso y, aunque él niega que haya participado en el triple homicidio, la Policía insiste en que tiene responsabilidad”.
“La bestia que mató a esas tres personas tiene el alma podrida, se trata de un monstruo que es un gravísimo peligro para la sociedad.
El único castigo justo para él es la pena de muerte y, además, así nos aseguraríamos de que no vuelva a hacer más daño. Pero la pena capital no existe en el Perú, así que por lo menos debería ser encerrado de por vida, sin beneficios ni la posibilidad de salir luego de unos años.
Esa clase de criminales tan crueles y sanguinarios deberían ser eliminados, no pueden caminar libremente por las calles. Las autoridades tampoco pueden seguir permitiendo que las bandas de extorsionadores continúen asesinando. Urge que hagan algo de inmediato.
No pueden seguir diciendo que están disminuyendo las cifras de crímenes cuando a diario balean a conductores. Eso parece una broma cruel a las víctimas y a sus deudos.
La Policía está sobrepasada por la delincuencia, pero no se puede ser tan indiferentes y seguir haciendo lo mismo, sabiendo que hoy, mañana y pasado matarán a más choferes. Hablamos de vidas humanas. ¡Por favor, hagan algo!”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








