Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por su saltadito de coliflor con pollo, sopa de choros y, para tomar, naranjada heladita. “María, el sábado se produjo la erupción de un volcán submarino en Tonga, que provocó un tsunami y oleajes anómalos en todas las costas del Pacífico Sur.
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En el Perú, se reportó que una madre y su hija se ahogaron tras ser arrastradas por una ola de dos metros que las sorprendió cuando tomaban el sol en la arena, en Lambayeque.
En el embarcadero de El Chaco, en Paracas, el mar se salió e inundó restaurantes y negocios, así como las carpas que los veraneantes habían dejado en la playa. Similares hechos se produjeron en balnearios del sur y norte del país.
Que todo esto nos haga meditar sobre la necesidad de estar alertas ante todo lo que pueda pasar. Y que nuestras autoridades sean más eficientes para alertar a la población sobre un peligro inminente.
Yo creo que ante la información de Tonga debieron cerrar todos los puertos, caletas y playas a lo largo de todo el litoral. Así lo hizo Chile, cuyo ministro estuvo permanentemente dando informes por televisión de cómo evolucionaba el fenómeno.
Hay que tenerle respeto al mar. En realidad, a todos los fenómenos naturales, como terremotos, tempestades o maremotos. El hombre aún no ha podido dominar estos eventos, que siempre traen muerte y dolor. Hemos ido al espacio, la Luna y Marte, pero todavía nos quedan algunas cuentas pendientes en el planeta Tierra. Por eso, si está pensando ir a la playa en estos días, atento a estas indicaciones:
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