
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un chaufa de mariscos con wantán frito. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada. “María, el exintegrante de la agrupación Skándalo, Ricky Trevitazzo, está metido en todo un escándalo familiar.
Su sobrina Enza denunció que el intérprete la botó del departamento que ella construyó con su plata en la casa de sus abuelos. ¿La razón? Haber iniciado una relación con el músico Luis Sánchez, excompañero de grupo de Ricky, quien le dobla la edad. Parece mentira, pero estos casos se repiten por miles en todo el país.
Hay de todo tipo. Hijos que les quitan la casa a los padres, hermanos que se pelean por la herencia, abuelos botados a la calle por sus nietos y mucho más. Lamentablemente Enza no puede hacer nada.
Ella construyó el departamento en el piso que le correspondía a su padre, que vive en el extranjero, pero se olvidó de lo más importante: los papeles. Nunca inscribió la propiedad a su nombre. Ahora se quedó sin nada. ¿Qué pasa por la cabeza de la gente cuando le quita una propiedad a su propia sangre? ¿La ambición? ¿La envidia? Eso no debe pasar.
Uno debe ir por la vida en paz, sin problemas con nadie y siendo justo. Al final, cuando nos toque morir no nos vamos a llevar nada. Igual, todos debemos ser precavidos. No pensar que los hermanos, primos, tíos o hijos son blancas palomas. Hay que desconfiar.
Para ello, debemos dejar todas las cosas en claro y de manera legal. Hacer testamentos, redactar minutas, contratos y elevar todo a registros públicos. Eso de dejar para luego no sirve. Confiar, tampoco. ‘El dinero es el diablo’, decía mi abuelita. La tentación, la ambición operan bastante cuando hay un monto de por medio.
Si Enza hubiera tenido cabeza fría, nadie la hubiera sacado de su departamento. Miles de familias en el Perú están fracturadas por disputas de herencia y propiedades. Otras miles siguen juicios interminables. Pocos llegan a un acuerdo salomónico. El odio les gana. El rencor, que luego se extiende a su descendencia. Por eso todo se tiene que prever”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








