
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomo saltado jugosito con papitas doradas y una porción de arroz. Para tomar pidió una limonada frozen. “María, ahora que se acerca San Valentín, vi un reportaje de unas mujeres que se hacen llamar ‘Cazadoras de infieles’ que incluso ofrecen sus servicios en redes sociales para ‘ampayar’ a hombres y mujeres.
Este tema, aunque se comente entre risas, es un asunto delicado y doloroso que puede destruir hogares y arruinar la felicidad de sus integrantes, especialmente los hijos. Uno de los rasgos de los infieles, de esos que no cambian y que engañan a sus parejas de forma permanente, es que son manipuladores. Saben convencer empleando mentiras.
Se hacen las víctimas, fingen que sufren, prometen que van a cambiar, pero en realidad no se arrepienten de nada y ya están maquinando sus próximas infidelidades. Nadie se quiere cruzar con una persona así. Los expertos dan consejos para reconocerlos:
- Tienen tendencia al egocentrismo: Piensan solo en sus intereses y necesidades. Les encanta hablar de sí mismos y solo se interesan por los demás si eso los ayuda a ellos.
- Falta de empatía: No saben ponerse en el lugar de los demás. En consecuencia, hacen regularmente comentarios hirientes.
- Creen merecer un trato especial: Se comportan como si fuese un privilegio estar a su lado. También pueden crear un sentimiento de culpa en la pareja si piensa abandonarlo.
- Se burlan de las opiniones y creencias de su víctima: Se comportan con cierto paternalismo ante las actitudes y las palabras de su pareja. Así, se colocan en un pedestal.
- Hacen que su pareja ponga en duda sus propias capacidades: La empujan a cuestionar sus facultades mentales y su inteligencia.
- Generan miedo al abandono: Al dañar la autoestima de la pareja le hacen creer que si hay una separación no podrá valerse por sí misma ni rehacer su vida”. Qué personas tan siniestras y malas.
Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








