
El Chato Matta llegó al restaurante por un poderoso sancochado con carne de res, pollo, choclito y un choricito que le da un rico sabor. Para calmar la sed pidió una jarrita con agua de cebada. “María, estoy herido, las fiestas de Año Nuevo me dejaron molido. Te cuento que el gran Pancholón me mandó un mensaje de ‘wasap’.
‘Chatito, empecé el 2026 con mi mejor cábala, haciendo el amor en La Posada con la grandota, te espero en el saunita, somos los que somos, abre que voy, solo cuídate de los envidiosos y malaleche. Apúrate que el chinito Richard está poniendo hierba fresca’.
Nos metimos a la cámara de vapor a más de 50 grados para botar el estrés. El gordito estaba emocionado cantando una salsita en la voz de su causa Josimar: ‘Lloro por quererte/ Por amarte y por desearte/ Lloro por quererte/ Por amarte y por desearte/ ¡Ay cariño! ¡Ay mi vida! Nunca, pero nunca/ Me abandones, cariñito/ Nunca, pero nunca/ Me abandones cariñito...’.
‘Chatito -me dijo el abogado-, recibí las doce comiendo uvitas, tomando champán y haciendo mi famoso ‘salto del chanchito’. El 2025 viajé por el mundo, Miami, Madrid y Colombia, pero extraño mi Callao. Acá están las caminantes. El sauna es mi refugio. Reconozco que soy inmaduro y me volví ‘podrido’ desde que era un adolescente y una prima me enseñó cositas ricas. Allí me loqueó. Estoy enfermo de sexo”.

“Cada vez que veo a una mujer, alucino que está conmigo en la intimidad’. ‘Pancho -le pregunté-, ¿no te aburres de la vida que llevas?, ya estás viejo’. ‘Papá, creo que me estoy enamorando de nuevo. Hace unas semanas salí a comprar pan al costado de mi casa y en la cola vi un mujerón que me impresionó. Ella me miró y sonrió. Hicimos clic. Se llama Camuchita, es venezolana, una chica decente que trabaja como cajera en una cebichería. Como le caí bien, le narré un partido de su selección y te juro que la chamita se emocionó y botó unas lagrimitas recordando a su natal Puerto Ordaz. Nos abrazamos y la invité a comer un cebiche a Chucuito el día que descansa.
Chato, tú sabes que soy callejero de toda la vida, pero con Camuchita me puedo plantar. Creo que he encontrado a mi alma gemela, ya estoy envejeciendo, estoy al tanto de mis hijos, tengo mis monedas, pero necesito una buena mujer para que me acompañe en mis noches de soledad, a veces me canso de despertar en diferentes hoteles con mujeres que solo pasan el momento conmigo.
Lo malo es que ahora que acaba de caer Nicolás Maduro ya me dijo que podría volver a su país y solo se quedaría si nos casamos. Ella me gusta, pero yo prometí no volver a casarme’. El abogado se puso pensativo”. Asu, ese señor Pancholón es tremendo cochino y sinvergüenza. No creo en sus palabras, va a terminar viejo, triste y solo. Me voy, cuídense.
MÁS INFORMACIÓN:








