Pancholón en el sauna
Pancholón en el sauna

El Chato Matta llegó al restaurante y pidió un estofado de osobuco con arroz blanco. Para la sed, una jarra de emoliente. “María, el gran Pancholón me invitó a su sauna privado y a más de 50 grados se confesó conmigo. ‘Chatito —me dijo—, algunos casos de la vida real me loquean. No los entiendo. Veo hombres que sus mujeres les pusieron tremendos ‘cuernos’, como ese muchachito de las redes, y culpan a todos menos a la que los adornó. Creo que este mundo moderno no es para mí. Me quedé en el siglo pasado. Yo soy a la antigua, salvaje, cavernícola a mucha honra’.

El gordito sudaba a chorros y se puso a cantar una de sus canciones preferidas de Josimar: ‘Yo soy un mujeriego/ Pobre, muy sincero/ Con el corazón/ Me gusta la farra y las mujeres buenas/ Vivir con amigos, vaciando botellas/ Me gusta la vida, me encanta el amor/ Soy aventurero con el corazóooon…’.

‘Tuve mi época de oro en la radio. Ganaba miles de dólares y viajaba por toda Sudamérica. Siempre rodeado de un montón de hinchas y ‘chupes’ a los que paraba trago y comida en juergas que duraban varios días en La Trinchera.

Estaba con varias mujeres a las que llevaba a La Posada. Estaba loco de lujuria. Las quería poseer a todas. Me casé de noche en una iglesia del Centro de Lima, y esa misma mañana estuve con mi trampita en mi ‘telo’ favorito. Soy pecador. Por eso ahora me corro de las tóxicas.

En la vida hay que estar preparado para todo. A comer lenguado, lomo fino y también tu pan con huevo frito. El hombre debe ser parador, así como en el amor. El tramposo gana y pierde en la calle”.

“Muchachos, hay que tener cuidado para hacer sus cosas, no se regalen para que no los ampayen. He tenido mujeres locas, que quisieron incendiar mi carrito rojo, conocido como ‘la sartén’. Hubo otra que en la comida me metía pepas para que me quede dormido y no salga. La más loca era la ‘Burrier’, que se paraba en la puerta de La Posada para que no me vaya a mi casa.

Veo a causas que están sufriendo por el engaño, pero les aconsejo que no perdonen. Pegarla de buenitos y comprensivos no corre. No se puede dormir con el enemigo. Las cosas son simples en la vida: blanco o negro, es o no es, me amas o no, estás conmigo, me sigues o más pallares con tallarines. A la casa solo se lleva a una mujer decente.

Ahora me timbran para que cuente mis historias en un podcast, pero los caballeros no tienen memoria. Nunca doy nombres’”. Pucha, ese señor Pancholón es un cochino y sinvergüenza y encima se pone a dar consejos. Me voy, cuídense.

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