
Mi amigo, el Chato Matta, llegó al restaurante por un rico estofado de osobuco con papita amarilla, arroz blanco graneadito y ajicito molido. Para calmar la sed pidió una jarra con agua de maracuyá. “María, el gran Pancholón, recién llegadito de Colombia, me invitó a su sauna privado donde no entran envidiosos ni ‘malaleche’.
‘Chatito, somos lo que somos, te espero’, me mandó un audio el abogado mujeriego. ‘Causa, celebré mi cumpleaños en las playas del Caribe de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Mis amigos, los sobrevivientes del Club Lawn Tennis, que están a la expectativa del encuentro tenístico del año que voy a jugar con apuesta de 5 mil dólares, en el estadio de los hermanos Buse, contra el coronel Alejandro, al unísono me interrogaron: ‘Pancholón, ¿es verdad que te casaste?’.
Les respondí que no: ‘Me iba a casar de manera simbólica en la isla Luxury para darle el gusto a la abogada tóxica en mi cumpleaños. Compré cuatro tickets para ella, para mí y mis dos testigos, para ir a la isla, que me costó 400 mil pesos colombianos cada uno (120 dólares). Zarpamos del muelle de La Bodeguita por la puerta cuatro. El viaje duró una hora en un yate lujoso. Mis dos testigos eran mis amigos Carlos Solano y la doctora Carmen Noriega, especialista en belleza femenina”.
“El párroco me preguntó: ‘¿Señor Pancholón, usted va a ser fiel hasta la muerte a su futura esposa?’. Cuando iba a dar respuesta afirmativa, me atoré con mi saliva y el religioso me dijo: ‘Si no está seguro, mejor piénselo bien, tómese su tiempo’. Mi celular no dejaba de sonar, era la mujer de las cuatro décadas.
La tóxica se dio cuenta de que era ella quien me llamaba y molesta le dijo al párroco: ‘Coño de su madre, este mama... ¡¡No cambia!! Yo no me caso, todo termina aquí, este viejo zorro nunca va a cambiar’. Al ver esa actitud, contraté un yate privado para que la regrese a Cartagena y de allí a su país.
Me quedé en la isla con mis testigos y conocí a unas turistas argentinas a las que enseñé un TikTok en el que estaba con Messi en la Copa América de Estados Unidos del 2024 y se quedaron impresionadas. Para los gauchos Messi es un Dios. Les dije que soy abogado y relato partidos de futbol. Narré un encuentro en el que Argentina fue campeón del mundo y campeoné con una gaucha hermosa. Hice mi famoso salto del chanchito en el yate, ya estaba subido de tragos y solo oía que la argentina me gritaba: ‘Pará, pará, gordito, pará, me estás matando’.
Me sentí en las nubes. Me olvidé de la tóxica y de fondo se escuchaba un clásico del grupo Niche en la voz de Charlie Cardona: ‘Amor, se pareció tanto a ti/ Que no pude guardar/ En mi cuerpo el deseo/ Que la tuve que amar/ Sentí la necesidad/ De tenerme que entregar/ Sentí miedo, sentí el peso de volverme a enamoraaaar...’ y me olvidé de la tóxica’”. Ese señor Pancholón no tiene arreglo. Es un sinvergüenza. Terminará viejo y solo. Me voy, cuídense.

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