
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un chaufa de mariscos con langostinos, conchas de abanico y choros. Para tomar pidió una jarrita con chicha morada heladita. “María, continúa el escándalo por la extraña contratación de al menos 14 mujeres que se reunieron previamente con el presidente José Jerí en Palacio de Gobierno.
Es verdad que todas ellas son profesionales y tienen derecho a trabajar, pero resulta irregular que hayan logrado contratos con el Estado debido a su relación con el jefe de Estado. ¿Cualquiera puede tener acceso al primer mandatario de la Nación? ¿No es eso un privilegio que no tiene la mayoría? ¿Dónde está el mérito?
Lo que ha pasado con esas profesionales grafica uno de los males del país: el padrinazgo, la vara y el contacto. Y también una cachetada para las miles de jóvenes que se sacrifican trabajando para pagar sus estudios, que pugnan por conseguir una sola oportunidad para empezar desde abajo o que dedican cada centavo que ganan para actualizarse, pero no tienen la oportunidad que sí tuvieron esas 14 mujeres.
En Francia, ingresar a la administración pública requiere no solo tener las mejores notas en la universidad, sino también dar un examen de suficiencia muy riguroso. Cualquiera no puede ser empleado estatal. Solo llegan los mejores. Allá no hay padrinos ni amigos que te den un ‘empujoncito’.
La administración pública francesa por eso funciona como un engranaje muy prolijo. Ojalá algún día aquí tengamos algo similar. Cada nuevo gobierno que ingresa pone a miles de sus militantes en las entidades estatales, la mayoría sin nivel. Se entiende entonces que nada funcione desde los municipios, los ministerios o el Congreso.
Necesitamos la meritocracia y no el tarjetazo. Menos la cuota de género, de raza o de cualquier tipo. Solo el mejor debe ingresar a laborar al Estado, como se hace en cualquier empresa privada. Ahí está la idea para los actuales candidatos. Que un solo organismo tome examen a los que quieran ingresar al aparato estatal, tipo ingreso a la universidad”. Muy bien dicho por Gary. Me voy, cuídense.








