
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una chuleta frita y jugosita, con papas doradas, ensalada y un emoliente al tiempo. “María, en este país, ser conductor del transporte público se ha convertido en una actividad de altísimo riesgo.
Los choferes son asesinados en cualquier momento del día o la noche, mientras llevan pasajeros o cargan combustible. En un instante puede llegar cualquier criminal en moto y los acribilla sin compasión hasta matarlos. Así es imposible vivir y trabajar.
Estos peruanos y sus familias viven cada día una verdadera pesadilla, pues cada vez que salen de casa no saben si regresarán con vida o en un ataúd para ser velados.
Por eso, gran número de conductores están dejando esta actividad para dedicarse al comercio ambulatorio, poner una bodeguita o cualquier otra cosa. Incluso, se van al extranjero a ganarse la vida.
Ayer, los de la empresa El Rápido paralizaron sus labores en protesta por el asesinato de uno de sus compañeros el último sábado en San Martín de Porres.
La Policía hizo mal al detener a uno de los manifestantes, acusándolo de bloquear el tránsito de otros vehículos. Les faltó más muñeca, mejor manejo. Con razón, la gente les reclamaba que en vez de arrestar a los choferes, mejor lo hagan con los extorsionadores que los matan.
Es una lástima que a estas alturas el presidente José Jerí, en vez de dedicarse a combatir a los criminales, ocupe su tiempo en defenderse de las graves acusaciones en su contra. Y todo por su culpa.
Quién lo manda a reunirse de manera clandestina con oscuros empresarios chinos y a tener citas hasta de madrugada con señoritas en Palacio de Gobierno, luego de lo cual ellas obtenían jugosos contratos con el Estado.
Ojalá que el próximo presidente sea una persona seria, sin debilidades que lo metan en problemas, para que pueda trabajar por el país. Mi solidaridad con los conductores extorsionados y con los otros miles de peruanos que también son víctimas de estas lacras”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








