
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un arroz a la cubana con huevito y plátano frito. Para tomar pidió una jarrita con agua de maracuyá. “María, el reciente operativo contra la banda que robó un cargamento de oro en la Costanera, revela lo que debe hacerse siempre en esta lucha para eliminar a las organizaciones criminales.
El trabajo coordinado entre las diversas instancias de la Policía y el Ministerio Público. Las autoridades golpearon los escondites de los sospechosos y se les detuvo de forma inmediata. Así tiene que ser siempre. Necesitamos no solo mano dura, sino mano de hierro contra la delincuencia que mata choferes, pasajeros, comerciantes y no deja sobresalir a los emprendedores.
Nada de esas tonterías de ‘besos y abrazos en lugar de balazos’. Con ese tipo de razonamiento el Perú se va a convertir en un nuevo Haití, donde las bandas armadas mandan incluso en la capital, Puerto Príncipe.
El sicario, el extorsionador, no se va a resocializar porque lo tratas bien. O porque le das mejor comida en la cárcel. Lo que los progresistas deben entender es que los criminales son un peligro para la sociedad.
Los más peligrosos no pueden estar libres ni tener contacto con nadie fuera de prisión, pues eso significa que sigan dirigiendo sus operaciones mafiosas. Una candidata afirmó hace unos días que a los delincuentes más avezados no se les debería confinar de por vida y sin visita en las cárceles de máxima seguridad.
A los hampones, a los asesinos, asaltantes y demás lacras se les debe cazar, perseguir, no darles respiro y encerrarlos en cárceles de máxima seguridad en la puna para que nunca salgan de allí.
¿Han visto cómo balean sin piedad a abuelitas pasajeras, a choferes padres de familia, a cobradoras de micro? ¿A esos debemos tratarlos bien porque tienen a su mamita?
Por ese tipo de pensamiento que comparten fiscales y jueces, el Perú es un país peligroso y los honestos vivimos asustados. Se debe velar por los derechos humanos de los honrados, no de las lacras”. Bien dicho, Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








