
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un chaufita de mariscos y para la sed una limonada fresquecita. “María, la captura del dictador Nicolás Maduro en Venezuela por militares de Estados Unidos ha causado gran alegría en los más de ocho millones de llaneros que huyeron de su país por culpa del chavismo y que están por todo el mundo. Bailan en las calles, lloran de felicidad y agradecen a Donald Trump.
Según las horas pasan se va aclarando el panorama y, hasta el momento, la banda criminal que gobernaba sigue en el poder, solo con la excepción de Maduro. Pero llama la atención la vergonzosa actitud de varios líderes de la izquierda en varias partes del mundo, incluidos los de Perú, que al unísono critican el operativo norteamericano, evidenciando una vez más su doble rasero.
Los ‘caviares’ locales, que viven en San Isidro y se van de vacaciones a Miami, hablan de ‘inaceptable intervencionismo’ y de ‘violación de la soberanía venezolana’. Pero se quedaron bien callados cuando el dictador socialista cometió fraude en la elección presidencial que ganó Edmundo González Urrutia.
Tampoco dijeron nada cuando el chavismo torturaba y mataba a cientos de personas, o cuando sumió a su país en la miseria, haciendo que millones de personas escapen, incluso recorriendo a pie miles de kilómetros. A esos ‘caviares’, que gozan del capitalismo y llevan una vida placentera, no les importa el sufrimiento de esas personas.
Tampoco reclamaron cuando el chavismo comenzó a exportar de manera perversa a sus peores criminales, incluso sacándolos de las cárceles, a países enemigos del régimen como Perú. Una señora venezolana en Lima que celebraba la caída de Maduro decía que era injusto que critiquen a Trump afirmando que realizó el operativo solo por el petróleo de Venezuela.
Contaba que hace años están en su país los chinos, los rusos y los cubanos, quienes se llevan el petróleo. Todos los países tienen intereses, pero ya es hora de que se respete la voluntad del pueblo venezolano y no de la cúpula delincuencial”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








