
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un bistec a lo pobre con arrocito blanco y, para la sed, una manzanilla tibiecita. “María, es preocupante la actuación de la Policía ante los atentados que viene sufriendo la pollería Corralito, en La Perla, Callao.
El local está ubicado en la cuadra 8 de la céntrica avenida La Marina y fue baleado por extorsionadores el 20 y el 26 de octubre últimos. Y cuatro días después, a solo unas cuadras del restaurante, un joven repartidor de esa empresa fue herido de bala en el pecho por los criminales, dejándolo grave.
Como te decía, María, todo ocurre en un lugar concurrido, donde hay cámaras. Los delincuentes se dan el lujo de volver una y otra vez para atacar con total impunidad.
¿Y qué hace la inteligencia de la Policía? Los hampones se ríen de los ciudadanos, de los policías y de toda la sociedad. No puede ser que disparen a matar en un sitio, regresen pocos días después a hacer lo mismo y no les pase nada. Esto es inaudito, no puede pasar”.
“Qué hacen el comando policial, el Ministerio del Interior sobre este caso. Semejante inoperancia no puede seguir.
Esas alimañas que disparan a inocentes ya deberían estar tras las rejas, porque cuando la Policía se decide a actuar, logra resultados. Me parece que si quisieran atraparlos, ya habrían investigado a fondo y los hubieran identificado.
Se trata de delincuentes ignorantes y muchas veces estúpidos, aunque sí demasiado violentos. ¿Esos tipejos pueden más que nuestros policías? Este caso es un claro ejemplo del vía crucis que a diario padecen miles de peruanos en Lima y provincias, quienes trabajan de manera honrada y esforzada, pero son acribillados o les detonan bombas en sus casas o negocios, mientras el Estado los abandona a su suerte.
Si los ciudadanos pagamos impuestos es para que el Estado nos dé una serie de servicios, como la seguridad, que es de los más importantes pues no se puede vivir con el miedo de que te maten a ti o a tu familia. Así el Perú no avanza”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








