Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una sopita criolla y un pescado frito con yuca sancochada acompañado de vainitas con zanahorias y arvejitas sancochadas. Para tomar pidió una jarrita de emoliente tibiecito.
“María, la fiesta de Santa Rosita, que se realizó el lunes, es un ejemplo de cómo nuestra vida ha cambiado por efectos del coronavirus. Ya no hay procesiones, misas con iglesias repletas o colas de gente para echar cartas en el pozo de los deseos. Ahora todo es online o virtual.
Ante la variante delta, que en otros países ya se está convirtiendo en un grave problema, todavía es prematuro aligerar nuestras costumbres religiosas. Hasta los sacerdotes lo han comprendido así y ahora ellos mismos promocionan sus liturgias por Zoom, Meet u otro canal virtual. La idea es conservar la salud hasta que todos estén vacunados, incluso los niños y adolescentes.
Y aunque es verdad que no todos han estado participando en los cultos, hay personas que han preferido disfrutar estos días como un ‘fin de semana largo’ para descansar o ‘escaparse de Lima’ con toda la familia. Lo importante también es que se haya vivido con serenidad, en unión y procurando estar también al servicio de los demás.
Y, sobre todo, cuidando de no contagiarse ni contagiar a los demás. Los epidemiólogos y médicos exigen cuidarse mucho y no bajar la guardia, pues se viene la ‘tercera ola’ y dicen que será calamitosa. Y para ello dan algunos tips que no debemos olvidar nunca:
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