
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un estofado de gallina con arrocito graneado y ensalada fresca. Para tomar pidió una jarrita de limonada.
“María, la reciente crisis que ha causado el ducto de gas incendiado en Camisea ha confirmado una vez más una gran verdad: la izquierda no sabe gobernar. Está acostumbrada a la protesta violenta, a los ataques, a las críticas y a regalar la plata que no producen. Ciertamente el problema no fue causado por el gobierno de José Balcázar, pero su reacción fue no solo lenta sino equivocada. Lo primero que hicieron es ordenar clases virtuales para cientos de miles de escolares y mandaron a los estatales a trabajo remoto. Encima, dieron un bono de 120 soles a los taxistas y rebajas en los balones de gas para la gente pobre. Ya habíamos visto su incapacidad para gerenciar incluso en temas cotidianos”.
“Por ejemplo, en el gobierno de Pedro Castillo, cuando se inició la guerra en Ucrania y escaseó la urea, ese abono crucial para la agricultura. Uno tras otro sus intentos de compra fracasaban. Al final fueron las mismas agroindustrias y agricultores organizados los que lideraron la adquisición de este fertilizante. Igual ocurrió con la escasez de los pasaportes, que se convirtió en una pesadilla. No daban pie en bola. No sabían qué hacer. Como generalmente nunca han trabajado de verdad, desconocen cómo se hacen las cosas. Ellos creen que la plata crece en los árboles. Por supuesto que nuestra derecha tampoco es lo máximo. Abundan los mercantilistas y falsos liberales, que viven del Estado y hacen lobis para sus grandes negocios. Por eso hay que investigar a los candidatos a quienes pensamos darle nuestro voto. Ahora casi todo el mundo tiene celular e Internet. Una simple búsqueda en Google revela la vida de cualquier personaje. Así sorprenderemos a violadores, estafadores, corruptos, asaltantes y otros. Pero también a los inútiles, a los que nunca trabajaron y manejan partidos para robar. Y los empresarios que lo único que buscan es que no se metan con sus negocios”.
Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








