
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un bistec a lo pobre con papitas y huevo frito. Para tomar pidió una jarrita de chicha morada heladita. “María, hace unos días el Gobierno declaró Patrimonio Cultural de la Nación a 22 obras del laureado escritor Julio Ramón Ribeyro.
Estas comprenden cuentos, novelas, teatro y prosa no ficcional del reconocido autor, uno de los más queridos del país y cuyo legado se mantiene vigente pese a su partida hace 32 años. Sobre todo, Ribeyro, ávido fumador y quien pasó el mayor tiempo de su vida en Europa, es considerado el mejor cuentista nacional.
Obras como ‘La palabra del mudo’ ofrecen no solo una imagen de Lima moderna y de sus habitantes, sino que les dieron voz a aquellos seres olvidados por la sociedad, grises y sin luz que pululan por nuestras calles.
La obra del escritor peruano ha trascendido fronteras y muchos lamentan que no haya sido considerado como un miembro más del llamado ‘boom latinoamericano’, que lanzó a la fama a Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez.
Los jóvenes deberían leerlo y aprender de sus historias, muchas de ellas de seres solitarios, perdedores pero con alma, en lugar de zambullirse todo el día en las redes sociales, tomando como ídolos a streamers sin cultura y que hacen el ridículo en cada reel. Deberían aprovechar el Internet para culturizarse y hacerse mejores personas.
Que este reconocimiento al gran Julio haga que los jóvenes, que son la mayoría de sus fans, lo lean y transmitan a las siguientes generaciones el gusto por la lectura.
Invito, además, a la empresa privada a promover la literatura en diversos ámbitos. No digo nada del Estado, pues los congresistas y miembros del Ejecutivo están más preocupados en enriquecerse o haciendo lobi, que en pensar en el pueblo”. Me voy, cuídense.








