Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un sudado de pescado con arrocito blanco, jugo de limón, rocoto en rodajas y, para tomar, una jarra de chicha morada fresquecita. “María, ayer conversábamos del esforzado motociclista Sergio Marcial Becerra Sánchez, conocido como el ‘Delivery Dakar’ porque lleva pedidos de pollito a la brasa por los arenales de Ventanilla y además estudia.
También comentábamos de Brillit Ñavincopa Ñahui, quien de lunes a viernes trabaja de boletera en la cúster de su papá y los fines de semana canta huaynitos sureños en eventos. Ambos son un ejemplo porque encarnan a la verdadera juventud peruana, que lucha por sus sueños de manera honrada, que trabaja de sol a sol sin hacerle daño a nadie para ganar bien su dinero.
Lo comentaba porque justo en estos tiempos hay un aumento increíble de la delincuencia y la mayoría de hampones son jóvenes, fuertes, que están en la plenitud de su vida, y podrían hacer mucho por ellos, por sus familias y por el país de manera honesta.
Sin embargo, eligieron el camino del mal y no tienen problemas en dañar a los demás, en derramar sangre inocente por un celular o unas monedas que luego despilfarrarán en una juerga. Pero como Sergio y Brillit son la mayoría de nuestros jóvenes. Así que no dejemos que nos depriman las noticias de tantos delincuentes.
La gran mayoría de nuestros muchachos estudian, trabajan. Como reportero gráfico durante tantos años he visto muchas cosas buenas, malas y peores. Y te puedo decir, María, que ir por el camino del mal siempre es un pésimo negocio. Tarde o temprano la pagas, de una u otra forma.
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