
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un seco de cabrito, ahora que acaba de ser elegido el estofado más rico del mundo. Para tomar un clarito, o sea, una chicha de jora ligerita y fresquecita. “María, el tema de los inquilinos morosos y abusivos no tiene cuándo terminar en nuestro país. Acá las leyes parece que se hacen para favorecer al que estafa, al que se apropia del esfuerzo de los demás. Hay malos inquilinos, mañosos y perversos, que al comienzo pagan puntualmente, pero luego dejan de hacerlo de manera calculada y, como si fuera poco, se niegan a dejar el inmueble.
Le dicen al dueño ‘hazme juicio, pues’, sabiendo que ese proceso puede durar dos años o más. Durante ese tiempo no pagan nada, ni siquiera los servicios. Es que saben que las leyes juegan a su favor. Las víctimas de estos sujetos viven un calvario, pues es un estrés tremendo, agotador, que te enferma. Peor es cuando se trata de adultos mayores.
Muchos ancianos trabajaron durísimo toda su vida para tener un predio que alquilar y así mantenerse en sus años finales, cuando ya no pueden trabajar. En muchos casos es su única fuente de ingresos. Pero si les toca alguno de esos inescrupulosos, es su desgracia. Hay personas que han muerto, llenas de indignación e impotencia, por no poder sacar de su casa a esos individuos, muchos de los cuales son gente avezada.
Ya es tiempo de que el Congreso, la justicia hagan algo para defender a las víctimas. Mientras tanto, las personas que alquilan deben tomar sus precauciones. Una de ellas es investigar a la persona a la que se piensa arrendar. Para ello, en estos tiempos son muy útiles las redes sociales, para conocer sus costumbres, estilo de vida, su trabajo y situación financiera, entre otros detalles.
También es preciso recurrir a un abogado para que redacte el contrato. Intentar ahorrarse el pago de un abogado y hacer uno mismo el documento podría costar muy caro, pues los vacíos legales, los errores, casi siempre terminan favoreciendo a los sinvergüenzas”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








