
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por unos frejoles con seco de carne y salsa criolla. Para tomar pidió una jarrita con limonada heladita. “María, el Callao se desangra todos los días con los asesinatos a manos de sicarios, crímenes por extorsiones y atentados contra transportistas.
El puerto más importante del país y uno de los más históricos de Hispanoamérica es un lugar peligroso cuando tiene todo para ser una ciudad del primer mundo. La culpa no solo la tienen las organizaciones criminales que se han apoderado de las calles, sino también las autoridades débiles o corruptas que se han ido sucediendo en los últimos años.
Varios alcaldes y gobernadores han sido un daga en la espalda para los miles de chalacos y el peor ejemplo de los políticos peruanos. El Callao no solo tiene el puerto por donde entra la mayor parte de la mercadería que se importa del extranjero, sino plantas industriales y un activo comercio.
También hartas posibilidades de convertirse en uno de los principales atractivos turísticos del país. No solo tiene un casco histórico similar a Puerto Rico, Panamá o Guayaquil, sino un mar extenso y rico. Además, la belleza de La Punta, las islas de El Frontón y San Lorenzo, así como la gastronomía.
El embajador de Estados Unidos en el Perú, Bernie Navarro, dijo que cuando los inversionistas de su país decidan entablar negocios con el Perú, el Callao podría ser el motor económico más grande del país.
Planteó, por ejemplo, el servicio de mantenimiento para buques de gran escala como los Panamax, y la implementación y mejora de terminales para recibir cruceros de turismo. “Estoy maravillado con la economía peruana, hay tanto que se puede hacer”, destacó.
Hace poco Brunella Torpoco y otros cantantes chalacos sacaron un tema llamado ‘Paz para el Callao’ que dice: ‘Tantas muertes. Mi lindo Callao se está desangrando, yo saco mi bandera blanca para que esto acabe ya, porque la gente no quiere más, que se derrame más sangre’”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








