
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un plato grande de tallarines rojos con presa de pollo y papita a la huancaína. Para la sed pidió una jarrita con refresco de maracuyá. “María, todos hablan del famoso ‘ampay’ en un yate de Mario Irivarren y Said Palao con mujeres argentinas, pese a que uno estaba de novio y el otro casado con Alejandra Baigorria, que apareció llorando en un video. La infidelidad golpea a muchos hogares y aunque en asuntos de pareja ‘cualquier tercero sale sobrando’, incluso en comentarios, es verdad que también es un tema necesario de conversar, porque estamos viendo a personajes públicos involucrados en esa situación.
Pero lo que muchos se preguntan es: ‘¿Una persona infiel puede cambiar?’. Los especialistas dicen que sí, pero no es tan fácil. Se requiere verdadera voluntad de cambio y que ambos en la relación estén dispuestos a trabajar en reconstruirla. Quien fue engañado, en reforzar su autoestima y su confianza; de lo contrario, con o sin motivos, le acechará la duda, estará intranquilo (a) y sospechando que ‘en cualquier momento me la vuelven a hacer’. Para quien engañó, verdadera actitud y acción de cambio. La confianza dañada no se recupera por decir ‘estoy arrepentido’, ‘si me das otra oportunidad, te juro que...’. Hay un corazón destrozado por el engaño y quien se arrepiente de la infidelidad, sufre por causar dolor. Algunos consejos:
No te embarques muy pronto en una relación. Si te sientes listo (a) y tomas la decisión, asume tu rol.
El amor necesita cuidarse y renovarse, incluso con detalles no materiales: interés, atención, admiración.
Que ser padres no les haga entrar en rutina. Es importante avivar la pasión y hacerlo no debe significar ningún esfuerzo, sino emoción.
No se echen la culpa. No hay excusas para el engaño, pero tampoco agranden la herida con discusiones.
Si se separan, es de su unión de esposos, no de padres. No condicionen a sus hijos, ellos sufren aún más que los adultos”. Pucha, Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








