Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por una causa rellena de atún con mayonesa, acompañada de pescadito frito con arroz. Para tomar, pidió naranjada. “María, ayer lunes la Municipalidad de Lima desalojó a miles de vendedores ambulantes de Mesa Redonda y los alrededores del Mercado Central. Los puestos callejeros habían llegado casi hasta el Palacio Legislativo desde principios de año. Los afectados recorrieron las calles pidiendo al alcalde Rafael López Aliaga que los reubique para seguir trabajando, pues con su actividad mantenían a sus familias, que ahora no tienen qué comer. Francamente este es un problema social muy importante que las autoridades no deben soslayar. Se trata de miles de familias cuyo sustento depende de la labor que hacían vendiendo artículos en la calle. Aunque hay algo cierto en este tema: las mafias, en especial de los venezolanos, habían lotizado las pistas y veredas, cobrando un cupo diario a los vendedores. Los que más pedían el desalojo eran los comerciantes formales y los bomberos, que ante una emergencia no podrían llegar a tiempo a sofocar incendios o atender una emergencia de salud.
En esa zona se produjo la tragedia que mató a más de 400 personas en el 2001. Está bien el orden y la seguridad, eso es lo que está pidiendo la mayoría de la población, pero hay que pensar también en el aspecto humano. La Municipalidad de Lima podría impulsar la formalización de los vendedores informales a través de la adquisición de locales en abandono o desocupados en muchos lugares de la ciudad. Eso pasó, por ejemplo, cuando se desalojó a los ferreteros del jirón Paruro, que se mudaron a la avenida Argentina y allí ha surgido todo un emporio comerciante y de servicios. O Las Malvinas.
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