
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un tallarín saltado de carne y una jarrita de limonada heladita para bajar el calor. “María, la lucha contra la criminalidad organizada requiere no solo una, sino varias medidas, pero sobre todo liderazgo.
No basta prohibir a dos personas en una moto o declarar una zona en estado de emergencia. Hay que involucrar a todo el Estado en este esfuerzo. Las organizaciones criminales son cada vez más poderosas. Es como la cabeza de la hidra, le cortas una y aparecen dos. Eso es cierto.
El general Víctor Revoredo y su equipo capturan todos los días a cabecillas e integrantes de bandas de extorsionadores y sicarios, pero aparecen más. El fin de semana detonaron una bomba contra el bus de la orquesta Armonía 10 de Walther Lozada, felizmente sin causar víctimas.
Hampones peligrosos como ‘El Monstruo’, ‘El Jorobado’ o ‘Mamut II’ están presos, pero sus cómplices continúan aterrorizando a choferes, bodegueros y empresarios.
El exministro del Interior, Gastón Rodríguez, plantea algo interesante: la creación de la Secretaría de Seguridad, Defensa y Justicia, Sedejus, que articula el trabajo del Ministerio del Interior, Fiscalía y Poder Judicial.
El encargado es el responsable del control operacional de estas entidades autónomas. No quiere decir que esta entidad se va a inmiscuir en el Ministerio Público y el Poder Judicial. No es así. Es para tener resultados operativos alineados con la Policía Nacional.
De esa manera se evitará lo que vemos los peruanos todos los días: que se captura a cien delincuentes, y los cien están libres al día siguiente. Así no se puede combatir la delincuencia. Pero además se necesita inversión. Sobre todo en tecnología aplicada a la investigación y la prevención.
Se gasta dinero en secretarias y amiguitas del presidente José Jerí, mientras las comisarías en todo el país se caen a pedazos y los patrulleros no funcionan.
Hay que usar drones, inteligencia artificial, robots de reconocimiento facial en las calles y más cárceles en la puna, para que los criminales sufran”. Bien dicho, Gary. Me voy, cuídense.








