
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un sudadito de mero con arrocito y yuca sancochada. Para tomar pidió una jarrita con chicha morada heladita. “María, el Parque Nacional Huascarán, joya de Áncash, recibió la máxima distinción turística que se otorga en el Perú por ser uno de los destinos más importantes del país, al mismo nivel de Machu Picchu, las Líneas de Nasca, el Lago Titicaca, Caral y Ollantaytambo.
Esta bella región de Áncash, pletórica de cumbres nevadas, ruinas arqueológicas, lagunas y flora, es un referente en turismo de naturaleza, aventura y conservación. Pocos sitios en el mundo tienen tal belleza concentrada en un mismo sitio.
Por eso, nuestra misión es presevar ese entorno y evitar su depredación como está ocurriendo en algunos lugares, por efectos de la minería ilegal, como son las selvas de Madre de Dios, la zona de Tambogrande o Cajamarca.
En Tambopata, por ejemplo, donde antes habían ríos, lagos y extensa vegetación, hoy hay un inmenso desierto. ¡Si, un desierto en la región amazónica! Y todo producto de años de explotación minera informal, donde se usa mercurio y cianuro.
Lo peor es que esa actividad está llevando a sus representantes al Congreso. Prácticamente no hay partido político donde no haya uno de ellos. Y tienen mucho dinero.
Según se sabe, la actividad minera informal mueve todos los años más de 12 mil millones de dólares. Mucho dinero para torcer voluntades y corromper autoridades. O para poner hasta un presidente de la república. Por eso, los peruanos de bien debemos cerrar filas por nuestro patrimonio.
Detectemos a los candidatos de las mafias y hagamos campaña para que no lleguen al Parlamento bicameral. Ciertamente ya están en este Congreso, donde a cada rato alargan el cierre del Reinfo y abandonan la minería legal, como en Pataz.
De todo esto tiene gran culpa la izquierda en el Perú, que se opuso a que las grandes empresas mineras hagan realidad los proyectos Manhattan, Tía María o Conga, que ahora están en manos de los mineros informales”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.








