
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un seco de res con arrocito graneado, yuca sancochada, salsa criolla y, para tomar, un emoliente al tiempo. “María, veo en redes sociales a varios influencers que hacen todo tipo de tonterías por unos likes. Emplean un lenguaje cada vez más soez, insultan hasta a personas con discapacidad, destrozan el idioma con palabras y frases que nadie entiende, gritan como loquitos y hasta hay jovencitas que no sé si acabaron de cumplir la mayoría de edad que realizan bailes eróticos.
El mal gusto abunda en estos personajes y la verdad es que dan vergüenza ajena. Sin embargo, quienes los apoyan, muchos de ellos personas igual de básicas, validan ese comportamiento señalando que ganan bastante dinero. La plata es lo que más les importa y, en su razonamiento, todo vale para conseguirla.
Por eso es necesario más que nunca destacar a los jóvenes que estudian, que se queman las pestañas hasta de madrugada para ser mejores personas y profesionales que aporten al desarrollo del país”.
“Como el adolescente Carlos Fernández, de solo 16 años y vecino de Carabayllo, quien aún siendo escolar acaba de lograr 500 puntos, la máxima nota en el último examen de admisión de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Ya el año pasado había ingresado a la carrera de Ingeniería Electrónica en la Universidad del Callao y ahora en la Villarreal entró a Ingeniería de Sistemas.
Sus padres, un esforzado operario de máquinas y una señora que atiende en su bodega, como es lógico, están muy orgullosos. Alentemos a nuestros hijos a estudiar siempre. También que aprendan al menos otro idioma y que hagan deportes.
Todo eso los alejará de los vicios y las malas compañías. Tendrán más posibilidades de prosperar, de tener una vida mejor sin hacer daño a nadie y de manera honesta. Hay que cultivar en nuestros hijos el respeto y la pasión por el trabajo y el estudio como las mejores armas para lograr sus metas”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
MÁS INFORMACIÓN:








