Diego Armando Maradona (Redes sociales)
Diego Armando Maradona (Redes sociales)

Este Búho abre sus ojazos y lee las declaraciones de Gabriel Omar Batistuta, uno de los goleadores más grandes de Argentina, sobre el trágico fallecimiento de . Fueron compañeros en la albiceleste y se tenían aprecio.

“Para mí, Diego fue un gran hombre, con sus problemas, pero grande de todos modos. Es difícil de explicar. Siempre traté de decirle la verdad, aunque fuera diez años mayor que yo. Quizás por eso me respetaba”, contó el ídolo de la Fiorentina.

Y añadió con pesar, rabia y dolor: “Es una vergüenza porque era una leyenda y murió completamente solo. No había nadie a su lado. Murió como un perro. Hicimos demasiado poco para protegerlo. Odio pensar en ello. Me culpo a mí mismo porque pude haberlo ayudado… Si amas a alguien, debes ayudarlo cuando lo necesita. ¿Por qué no lo hicimos? A pesar de que era difícil de tratar. Deja un sentimiento pesado y triste”.

Diego dejó este mundo un 25 de noviembre del 2020. Este columnista recuerda las imágenes de los llorosos hinchas que hacían colas de varias horas para darle el último adiós. Ese fanatismo que roza con la locura solo podía generarlo el ‘10’ argentino. Y es que su historia de vida es la historia de vida de muchos.

Fue un hombre cargado de matices y claroscuros. Vivió entre el cielo y el infierno. Conoció todos los extremos de la vida. Recuerdo que hace poco volví a ver el documental ‘Diego Maradona’, un retrato íntimo y crudo sobre la desenfrenada temporada que vivió el gaucho en Nápoles, Italia, en donde es venerado casi como un santo. En aquella ciudad sureña conoció la gloria, pero también la derrota. Sobre todo la derrota personal, humana, moral. Fue allí donde se asentó y profundizó su adicción a la cocaína.

En 1984 llegó a Nápoles después de una temporada desastrosa en el Barcelona, confiesa en la cinta. “No había equipo que me compre”. Y fue así como el club más pobre de Italia adquirió al jugador más valioso del mundo.

“Pedí una casa y me dieron un departamento. Pedí un Ferrari y me dieron un Fiat”. En Nápoles, Maradona empezó a construir y afianzar su leyenda.

En su presentación más de cincuenta mil personas lo ovacionaron. Era la esperanza de un club acostumbrado a los últimos puestos de su liga, ensombrecido por gigantes como la Juventus, Inter o Milan. Y no defraudó. Con sus goles y sus gambetas fue ganándose el respeto y la admiración de los napolitanos. Maradona goleaba en el césped, pero también fuera de él. Quedó cautivado con la belleza italiana.

“Tampoco era un santo”, dijo para exculparse de sus infidelidades, pues mantenía una relación formal de años con Claudia Villafañe. “(En Italia) Había mujeres hermosas. Mujeres divinas. Uff, ¡cualquier cantidad!”, confesó para el documental.

Producto de un amor fugaz con Cristina Sinagra nació Diego Maradona Junior, a quien no reconoció hasta después de treinta años. También estableció vínculos con la mafia de la ‘Camorra’, que movía en la ciudad el comercio de las drogas, el contrabando, las extorsiones, la prostitución y los juegos de azar.

De su adicción dijo: “Empecé en Barcelona, en un boliche. Un ‘touch’ y parecía que era Superman. La droga estaba por todos lados. Y cada vez fue más y más”, reveló en la entrevista que le hizo el director Asif Kapadia para el documental.

Tras el Mundial de México 86, en donde alzó la Copa y se consagró como el mejor jugador del mundo, Maradona regresó a Nápoles para llevar a su equipo a ganar el título de la serie A en 1987 y 1990.

Fue cuando subió a la categoría de divinidad en aquella pequeña ciudad discriminada por los ‘ultras’. Contó en el documental que después de cada partido de los domingos se ‘perdía’ hasta el miércoles con mujeres, trago y droga. Para algunos no supo lidiar con el éxito.

En sus propias palabras, él jamás imaginó que lograría tanto: “En realidad yo jugué al fútbol pensando siempre en comprarle la casa a mis viejos. Yo nunca soñé nada de lo que me pasó”.

El documental, una joyita por la sinceridad con que el Diego relata los episodios más escabrosos de su vida, se puede ver en streaming y dura dos horas. Apago el televisor.

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