Julio Ramón Ribeyro
Julio Ramón Ribeyro

Este Búho celebra que el Ministerio de Cultura haya declarado Patrimonio Cultural de la Nación a veintidós obras del mejor cuentista peruano de todos los tiempos, . La resolución reconoce a Ribeyro como el ‘fundador literario de la Lima moderna’.

Debo confesar que de niño siempre me sentí atraído por este género de autores peruanos y extranjeros. En el colegio tuve un profesor de lentecitos que me hizo descubrir ‘joyitas’. Nunca olvidaré que en ese tiempo leí ‘Ushanan jampi’, de Enrique López Albújar; también otro clásico, ‘El amigo Braulio’, de Manuel González Prada. ‘El caballero Carmelo’ y ‘El vuelo de los cóndores’, de Abraham Valdelomar; el inolvidable ‘El trompo’, de José Diez-Canseco, y el entrañable ‘Día domingo’, de Mario Vargas Llosa. Aquí una pequeña selección que recomiendo.

‘LA INSIGNIA’: Julio Ramón Ribeyro (1929-1994). Su saga ‘La palabra del mudo’ nos ha brindado un bufé exquisito, pero uno tiene sus favoritos. Inclusive en los canapés. ‘La insignia’ será, para este columnista, lector, el mejor cuento del maestro.

Comienza así: ‘Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamento de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles… Aquí empieza realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron…’.

Después de eso, al protagonista le suceden cosas que lo catapultan a ser un gran líder, pero este confiesa que no sabe nada de nada del movimiento del que es un gurú. No se lo pierdan los que no lo han leído.

‘SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO’: Gabriel García Márquez presentó su libro ‘Doce cuentos peregrinos’, que eran una selección de relatos escritos en diferentes etapas de su vida. La mayoría a fines de los 70. De ellos destaca nítidamente ‘Solo vine a hablar por teléfono’, ambientado en España, cuando Gabo residía en Barcelona.

La historia es alucinante, inclusive llegó al cine en una muy buena producción mexicana titulada ‘María de mi corazón’, que dirigió Jaime Humberto Hermosillo y estelarizó la primera actriz María Rojo. María de la Luz Cervantes viajaba en un carro alquilado hacia Barcelona, pero el coche sufre una avería justo en un paraje desértico. Es una guapa joven mexicana, casada con un prestidigitador de circo. Ella también, en un tiempo, fue una actriz de variedades.

Era una noche tormentosa y al cabo de una hora, ningún camionero ni automovilista se dignaba a recogerla, pero de pronto un autobús destartalado paró. El chofer le dijo que no iba muy lejos. Ella le respondió: ‘No importa, lo único que necesito es un teléfono’. Lo que le sucede a la desafortunada mexicana no tiene parangón. Ese autobús llevaba a un grupo de enfermas mentales al manicomio. Ella se queda dormida. La tormenta sigue y es de noche, el chofer deja a las internas y raudamente María trata de explicar ‘es que yo solo vine a hablar por teléfono’.

El ambiente es claustrofóbico, también la situación de María es traumatizante. La vida en el manicomio es opresiva. Una celadora la intenta seducir. Su esposo piensa que ella lo abandonó una vez más, como en otras ocasiones.

‘ATAÚDES TALLADOS A MANO’: Este cuento largo o ‘Nouvelle’ es una joya incluida en ese notable libro con que Truman Capote inició la década de los 80: ‘Música para camaleones’ (1980). Relato comparado por sus seguidores con su monumental novela de género ‘no ficción’ ‘A sangre fría’. Él mismo la califica como ‘retrato’ de ‘una narración verídica de un crimen americano’.

Pero si ‘A sangre fría’ describía el horrendo crimen de una familia en Kansas y luego el perfil psicológico de los asesinos, en sus incontables encuentros con el escritor en la prisión hasta que fueron merecidamente ejecutados, en este cuento Truman viaja hasta el oeste llamado por el jefe de la Policía, porque se produce una seguidilla de asesinatos en un pueblo apacible y sospecha que hay un asesino en serie.

‘Después de escribir cientos de páginas sencillas, llegué a conseguir un estilo. Había descubierto un marco dentro del cual podía asimilar todo lo que sabía del arte de escribir’, dijo. Por eso ‘Ataúdes tallados a mano’, en cuanto a técnica narrativa es más perfecta que ‘A sangre fría’. El lector se ve inmerso en una historia intrigante, un relato negro con dosis de Raymond Chandler, Dashiell Hammett, mezclado con el mejor Capote.

La imaginación perversa del asesino sorprende. A todas sus víctimas les hace llegar un ataúd en miniatura con su propia foto dentro. Días o meses después son asesinados de manera aterradora. Apago el televisor.

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