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Este Búho está convencido de que en política no hay casualidades. Me queda claro que el fiscal José Domingo Pérez se quitó la careta y siempre fue un operador izquierdista infiltrado en el Ministerio Público, pues ahora proclama que se suma a la ‘causa’

Lo alucinante del caso es que un magistrado defiende a un golpista que intentó convertir al Perú en una dictadura y capturar todo el poder para sus oscuros intereses. Por eso me indigna que voces cínicas y candidatos como Roberto Sánchez, López-Chau, Ricardo Belmont y otras ‘viudas’ digan ahora que lo van a indultar para captar votos y pongan a Castillo como una ‘víctima’ que está secuestrado.

El Perú ha perdido cinco años. Desde la llegada del profesor chotano al Gobierno y luego su sucesora Dina Boluarte, el país está en franca decadencia y azotado por una ola criminal nunca antes vista. Pero fue el propio Castillo, junto con Betssy Chávez, quien detonó la crisis cuando pateó el tablero democrático, quebró la Constitución e intentó cerrar el Congreso.

Todos vimos las imágenes. Pero no fue un exabrupto del momento, fue una decisión fríamente calculada con el delirante Aníbal Torres. Este Búho no se come cuentos.

Todo comenzó cuando el ‘empresario’ Zamir Villaverde confesó que logró ingresar al círculo íntimo del mandatario entregándole modernas camionetas, dinero en efectivo y ropa fina a sus sobrinos, otorgándoles pasajes aéreos para toda la parentela de Pedro y su esposa.

Con esas ‘migajas’ se ganó a un presidente y a una familia de angurrientos. Y de ahí dio un paso trascendental para sus oscuros intereses y pasó a entregarle sumas como treinta mil soles a Juan Silva o cien mil más para Castillo.

Fue así que el presidente haría dupla con Bruno Pacheco por los cobros en los ascensos militares y policiales, una mafia tan desalmada que Pacheco se quejó de que lo ‘habían cerrado’. El mismo Bruno dijo que le entregó al chotano un sobre con miles de soles para nombrar a Hugo Chávez como presidente de Petroperú.

La ola de corrupción que salpicaba a Castillo quedó evidenciada cuando el mandatario propició la fuga de su secretario general de Palacio. Luego Beder Camacho, miembro del ‘gabinete en la sombra’, confesaría, como colaborador eficaz, que Castillo le ordenó esconder al prófugo Pacheco, entregarle dinero y buscarle asilo en Venezuela o México, también para los requeridos por la justicia, el exministro de Transportes Juan Silva y su sobrino Fray Castillo, operador de negociados en ese ministerio.

Este columnista recordó la cita del maestro Manuel González Prada. Y es que ‘donde se ponía el dedo saltaba la pus’ de ese régimen corrupto. El Gobierno parecía un cuerpo infectado, supuroso, gangrenado en su totalidad y al borde de la putrefacción.

Castillo se sentía como una fiera acorralada y cuando el detenido Salatiel Marrufo, exjefe de asesores del Ministerio de Vivienda, confesó ante el Congreso que cobraba millonarias coimas a una empresaria y que le pagaba cincuenta mil soles mensuales a Castillo y a sus hermanos con tal de que mantuviera al corrupto ministro de Vivienda, Geiner Alvarado; Pedro ejecutó su delirante golpe que no fue apoyado por nadie, pues hasta sus ministros fueron los primeros en renunciar.

Estas son solo algunas ‘perlas’. ¿Por qué ahora se pretende victimizar a un golpista que denigró la investidura presidencial convirtiendo su gobierno en un pozo séptico de corrupción? Castillo pasará a la historia universal de la infamia como el presidente que desgració al país y eso nadie debe olvidarlo. Apago el televisor.

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