Este Búho habrá nacido de noche, pero no anoche. Tengo más de tres décadas cubriendo elecciones en el Perú y conozco bien el doble rasero de ciertos políticos izquierdistas que dicen una cosa para la tribuna y bajo la mesa arman asonadas radicales y maldades. Esta reñida elección está sacando lo peor de ciertos líderes de opinión que incluso hablan de ‘ríos de sangre’ y ‘arderán las calles’ cuando el proceso de conteo aún no termina. Se les cae la careta a esos falsos demócratas que buscan el caos y la muerte.
Para ellos la ‘violencia es la partera de la historia’, como repetían los viejos marxistas en mis épocas de San Marcos. Por eso han llevado senderistas al Congreso. He cubierto muchas elecciones y recorrido innumerables pueblos en todo el territorio nacional.
Desde el norte, la selva amazónica, la sierra central o el sur, he visto a políticos como Mario Vargas Llosa, Lourdes Flores, Alejandro Toledo, Alan García, Alfonso Barrantes o Pedro Pablo Kuczynski caminar las plazas y calar con el gusto y el sentimiento de la gente.
Pero ninguno de ellos pidió ‘incendiar la pradera’ como estoy leyendo y escuchando en estas últimas horas por parte de gente irresponsable si su candidato no gana. La democracia es así. Cuando uno entra a una elección hay solo dos posibilidades: ganas o pierdes. Por eso hay que confiar en los organismos electorales por el bien del país.
Ya basta de las teorías del fraude. Pensamientos como esos solo causan la fractura del país y manifestaciones violentas. Raúl Noblecilla, defensor de Pedro Castillo, convocó a una movilización permanente de sus huestes para defender el ‘voto popular’, pues cree que ‘algo se cocina’. Pareciera que se va a levantar en armas contra el Estado peruano.
En las últimas horas, además, en redes sociales se está convocando a manifestaciones, vigilias y marchas en Lima y otros puntos del país. Los más radicales son los etnocaceristas. Y ojo que, como dijo Nieto, también hay miembros de Sendero Luminoso en ese pacto radical, bajo la fachada del Movadef.
Lo de las huestes de Antauro era de esperar teniendo a un psicópata como líder. Este, ya lo saben, tiene como propósito fusilar a los expresidentes y a su mismo hermano Ollanta. Hace cuatro años, decenas de peruanos murieron en violentas marchas tras la vacancia de Pedro Castillo por el golpe de Estado. Azuzados por radicales violentistas, en Ayacucho, Puno y Cusco intentaron tomar aeropuertos, atacaron comisarías, bloquearon carreteras y sembraron el caos. También murieron policías y soldados, todos hijos del pueblo. No esperemos que se repita esto. Hay que pedir mesura y tranquilidad a los actores políticos. Para eso están los líderes.
El sistema político peruano está hecho para la alternancia del poder. Todos los partidos políticos, todas las ideologías y todos los peruanos pueden acceder al poder. Sino sería una dictadura o una monarquía. El Perú está partido, eso es cierto. Así lo muestra la reciente elección. Lima y el norte votaron por Keiko Fujimori. El sur por Roberto Sánchez. Pero si queremos crecer económicamente, eliminar la pobreza y vencer a la delincuencia organizada es mejor unirnos, sea quien sea el presidente.
Los peruanos ya no podemos soportar más años de inestabilidad política ni modelos fracasados. El voto de un hermano peruano de Chumbivilcas en Cusco o de Azángaro en Puno vale igual que el de un peruano que tuvo que irse a trabajar a Estados Unidos porque acá no tenía oportunidades. Cuidado con las ‘pelotudeces democráticas’ de las que hablaba Guillermo Bermejo, encarcelado ahora por sus vínculos con el terrorismo. No caigamos en ese peligroso juego. No juguemos con fuego. La Policía y las Fuerzas Armadas deben estar alertas. Apago el televisor.
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