
Este Búho lee un emotivo post en las redes sociales de la esposa de Pedrito Suárez Vértiz. Cynthia Martínez escribe: ‘¡Feliz cumpleaños, hermoso de mi vida! Hoy cumplirías 57 años; de ellos, serían 34 años conmigo a tu lado, pero la vida no lo quiso así y hoy lo puedo aceptar con más calma. Quizá no lo puedo- o no lo quiero- entender, pero sí aceptar. Amor mío, ¿te acuerdas cuando recién te conocí? Eras un chico flaco, guapo, joven, talentoso, sensual, muy interesante y muchas cosas más. No teníamos ni medio problema; no sabíamos lo que nos tocaría vivir. Solo pensábamos en estar juntos… Hoy te regalo mi fortaleza para seguir y mi paciencia para esperar volver a verte, para esta vez amarte infinito y sin que la vida lo pueda cambiar. Feliz cumpleaños, Pedro’.
Yo creo que el legado del músico es inmortal, pero es imposible hablar de él sin mencionar a su banda de la que fue líder, Arena Hash (junto a su hermano Patricio, Christian Meier y Arturo Pomar). Muchos pensaban equivocadamente que el grupo de chiquillos que en 1988 se catapultó por todo lo alto con su primer disco de nombre homónimo, con ‘hits’ radiales como ‘Kangrejo (Sacudía)’, con Pedro rapeando como el protagonista del tema, un ‘Pedro Navaja’ limeño (‘Yo soy de Malambito...’), era un producto prefabricado por algún mánager o una poderosa disquera. Falso.
Pedro y sus amigos del colegio María Reina, en 1983, habían formado una banda igual a la que formaban los chicos punk subterráneos como Leuzemia, en barrios como la Unidad Vecinal N° 3 escuchando a Ramones; solo que Pedrito y sus amigos escuchaban a los Beatles y los Rolling Stones, y ensayaban en un garaje de San Isidro. Del 83 al 85 ellos conformaron la banda ácida Paranoia.
Luego nació Arena Hash siendo todavía escolares. Sacaron un demo casero con el tema ‘Difamación’, que fue difundido solo por la recordada radio Doble Nueve, canción que pega e ingresa al ranking semanal. El dueño de la emisora les hace el contacto con una disquera sin tener mánager.
La tarea recayó luego en un gran amigo del padre artista de los Suárez Vértiz (Hernando), el talentoso músico y actor Germán ‘Alias la Gringa’ Gonzales. La poderosa disquera CBS los pone bajo la tutela del mejor productor musical del medio: Manuel Garrido Lecca. El rock, ska, funky y hip hop están en las entrañas de este sorprendente disco: ‘Arena Hash’ (1988). Asombró que estos chiquillos abordaran temas de la urbe malandra (‘Kangrejo’), los problemas existenciales (‘No cambiaré’), escapistas historias en tierras cariocas (‘Me resfrié en Brasil’) y la cereza de la torta: ‘Cuando la cama me da vueltas’, el himno de todos los borrachosos y resaqueados.
Todo gracias a las letras de Pedro. El disco fue un ‘boom’ en ventas, ganaron ‘La más más de Panamericana’ y tocaron en un Amauta lleno. Se pasaron dos años recorriendo el Perú llenando conciertos.
El segundo disco ‘Ah, ah, ah’ (1990) traería los singles ‘El rey del ah, ah, ah’, ‘A ese infierno no voy a volver’, pero sería el entrañable y angelical tema ‘Y es que sucede así’ (‘...después de un tiempo, me la encontré otra vez, estaba bella como las estrellas...’) el que se convertiría en un himno de quinceañeros, veinteañeros y hasta treintañeros en ese año diabólico de hiperinflación de Alan, shock económico de Fujimori y la insania terrorista de Sendero Luminoso.
Con ese tremendo disco pudieron ‘cafichear’ tres años más forrándose de plata con presentaciones en Lima y provincias. Pero los chicos buscaban internacionalizarse como Los Prisioneros o Los Enanitos Verdes y agarraron sus chivas y se fueron los cuatro a la aventura en Miami, donde vivieron las de Caín y regresan a Lima con sentimientos encontrados que hacen naufragar a la agrupación.
A inicios de 1993 telonean a la banda Foreigner. Esa sería la última presentación del grupo. Pedro tenía veinte canciones para el tercer disco de la banda, pero al final se convirtieron en su exitoso primer disco como solista: ‘(No existen) Técnicas para olvidar’ (1993) con cinco ‘hits’: ‘Me elevé’, ‘Cuéntame’, ‘Globo de gas’, ‘No pensé que era amor’ y ‘Si escuchas un ángel’. Ahí empezó otra historia. Gracias por todo, Pedrito. Apago el televisor.
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