Sean Penn. (Foto: AFP)
Sean Penn. (Foto: AFP)

Este Búho estuvo muy atento el domingo a los comentarios de mi amigo, en las redes sociales de Trome. Y la pregunta que se hicieron los cinéfilos es ¿por qué no fue Sean Penn a la ceremonia donde estaba nominado como mejor actor de reparto por la laureada ‘Una batalla tras otra’?

El actor de 65 años se llevó el galardón por su interpretación del coronel Steven J. Lockjaw. Ganó su tercera estatuilla, pero según fuentes citadas por The New York Times, Penn se encontraba en Ucrania en el momento de la gala, lo cual refuerza su compromiso político con Volodymyr Zelensky, a quien incluso le regaló uno de sus Oscar previos en señal de solidaridad ante la invasión rusa.

Sean Penn siempre ha ido en contra de todo. Hace unos años respondió ante las palabras de Madonna, quien lo calificó como el amor de su vida. “Ella fue muy dulce al decir eso… Nos dimos cuenta bastante rápido de que habíamos confundido una buena primera cita con una pareja para toda la vida… Tengo buenos recuerdos. No fue del todo una cárcel. Hubo mucho alcohol”, dijo el actor.

La verdad es que esa pareja fue explosiva. Eran los tiempos en que el disco de la cantante, ‘Like a virgin’, vendió 25 millones de copias y dejó boquiabierta a la crítica. Y en lo sentimental se casó con el actor de moda, Penn. Fue como un matrimonio entre dos burbujas a punto de estallar.

Pero si la ‘reina del pop’ era una bomba de relojería, Penn resultó ser una verdadera bomba atómica. El temperamental actor todavía no era una megaestrella como lo es hoy. Pero todos los críticos, después de ver ‘Bad boys’ (1983) y ‘La traición del halcón’ (1985), le auguraban un brillante futuro en el cine.

Pero aquel agosto de 1985, durante su matrimonio con la cantante en la playa de Malibú, los paparazzi no escatimaron en alquilar helicópteros para captar tomas de la ceremonia desde el aire. No se arriesgaban por él, sino ¡¡por Madonna!! Penn no podía soportarlo.

Esa tarde, en plena ceremonia, demostró que por algo lo llamaban ‘el nuevo niño terrible de Hollywood’. Cogió una escopeta y comenzó a dispararle al helicóptero de los paparazzi, ante los gritos de Madonna que le pedía que se calmara. “Soy un hombre pacífico y muy humano, pero me hubiera gustado ver a ese helicóptero estrellarse e incendiarse con todos los cuerpos carbonizados dentro”, declaró.

La cantante, en ese momento, trataba de comportarse como los mánagers aconsejaban que deben actuar las estrellas en público: sonriente y afable con los medios. Penn malograba su imagen. Dos semanas después golpeó a dos fotógrafos en Nashville y fue denunciado.

Madonna pidió ayuda psiquiátrica, aunque verdaderamente era su esposo quien la necesitaba. Ella se había casado ilusionada, pero sabía muy bien con quién se estaba metiendo. Cuando lo conoció, dijo de él: “Era alguien a quien yo respetaba y cuyo trabajo admiraba. Él es un salvaje, probablemente muera joven, pero teníamos mucho en común”.

Sean debió amar a Madonna, sino no se comprende cómo protagonizó con ella el bodrio ‘Shanghai surprise’, que fue destrozado por la crítica. A medida que la ‘chica material’ se introducía más en sus proyectos no solo musicales, sino cinematográficos y teatrales, el actor se consolaba con el alcohol, drogas y compañía femenina.

Penn estaba decepcionado. Pensó que con el matrimonio iba a tener una familia, hijos, tal como lo hicieron su padre, que era director de cine, y su madre, que era actriz. Pero chocó con la ‘ambición rubia’. Ella parecía no tener techo ni cansancio. Cuando le planteó la posibilidad de tener hijos, Madonna le respondió que tenía demasiados contratos y proyectos, y que se olvidara del asunto.

Herido en su orgullo, Penn se vengó el 28 de diciembre de 1988. Fue un Día de los Inocentes, pero más bien parecía el ‘Halloween’ de John Carpenter. El actor llegó totalmente ‘pasadazo’ a la residencia. Le recriminó que sus amigos eran ‘putas y maricones’ y su negativa a tener hijos. Luego se sacó la correa y comenzó a azotarla. Dicen que la amarró a una silla y la ‘castigó’ durante ocho horas. Después, desquiciado, intentó meter la cabeza de Madonna en el horno. Desesperada, la cantante logró escapar y lo denunció.

Su marido en la comisaría negó todo y dijo que su esposa ‘estaba celosa porque la engañó con una stripper’. Ese fue el fin del matrimonio que marcó a Madonna. Pidió el divorcio ‘por diferencias irreconciliables’ y se fue para siempre de la casa de tres millones de dólares tan asustada que ni sacó sus pertenencias.

Dos décadas después, en una fiesta que Hollywood le dio a Penn por obtener su segundo Oscar, la diva llegó acompañada de su novio de entonces, el joven modelo brasileño Jesús Luz, de 22 añitos. Cuando estuvieron frente a frente, el actor —al mirar al latino— le dijo a su ex: ‘¿Tuviste otro hijo?’. La cantante se fue requintando de la fiesta. Apago el televisor.

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