
Este Búho se emociona con el anuncio del concierto de Robbie Williams en Perú. El astro británico llegará en setiembre y todos los maduritos de 40 años en adelante están más que emocionados por su espectáculo. Como saben mis lectores, este columnista es melómano y gracias al periodismo he asistido a casi todos los megaeventos que se han realizado en este país. Por eso, quiero recordar aquí algunos shows que me marcaron.
The Cure: A los ingleses los escuché dos veces en vivo. Primero, hace casi diez años, en el Estadio Nacional, y luego en el estadio San Marcos. Ambas presentaciones fueron memorables, pues el gran Robert Smith demostró con creces por qué es una de las bandas más icónicas del new wave. Su voz, a pesar de que ya tenía casi cuatro décadas sobre los escenarios, se mantenía idéntica a sus vinilos.
Entonces, en Perú, ese grupo gótico, de cabellos alborotados, botas altas y ojos delineados, repasó más de tres horas toda su discografía. Ninguno de sus temas icónicos quedó fuera: ‘Boys don’t cry’, ‘Just like heaven’, ‘Friday I’m in love’ o ‘Close to me’. Recientemente fueron galardonados con dos premios Grammy, distinciones bien merecidas a su prolija carrera.
Armonía 10 vs. Agua Marina: El templo de estos dos monstruos de la cumbia peruana era, sin duda, el entrañable e histórico Huaralino de Los Olivos. En fechas cercanas a Fiestas Patrias, era un clásico el ‘duelo’ entre estas agrupaciones piuranas. Ambos, dinosaurios de la cumbia norteña y que hicieron escuela en nuestro país. Recuerdo que la primera vez que asistí a este evento lo hice con una querida amiga miraflorina, exalumna de la Universidad de Lima y gerenta de una gran empresa nacional. Como diría nuestro Nobel, ‘de naricita respingada’.
Jamás había ‘toneado’ en otro sitio que no sea Larcomar y cuando le hice la invitación me miró sorprendida. Al llegar al ‘templo’ de la cumbia todos sus prejuicios y temores se derrumbaron. Allá se encontró con un local lleno de personas trabajadoras y luchadoras como ella, que cerraban su fin de semana a lo grande, con ingentes cajas de cerveza y que bailaban hasta sacarle chispas al piso. Se soltó el cabello, chela en mano, y entonó sin rubor: “Basta ya, mi amor/ no seas así, que mi corazón/ no puede más sufrir.../ Basta ya, mi amor/ quiero sonreír/ volver a tu lado.../ No me dejes así...”.
Rod Stewart: Soy hincha del cantante británico desde tiempos inmemorables. Sus temas como ‘Young turks’ o ‘Da ya think I’m sexy?’ forman parte del soundtrack de mi vida en esos disparatados años ochenta, época en que se vestía pantalones acampanados y se utilizaba rin en los teléfonos públicos. Por eso, cuando en 2011 anunciaron que vendría a Lima fui el primero en comprar una entrada para su espectáculo. La vida de esta megaestrella del rock mundial siempre me llamó la atención, pues se sobrepuso a una temporada de locura. Hizo honor a esa añeja frase que carga encima un rockero de polendas: ‘sexo, alcohol y drogas’.
Tal era su fama de ‘depredador sexual’ que cuando se mudaba a un barrio, sus vecinos enviaban inmediatamente a sus hijas a otras ciudades. Su concierto en Lima, en la explanada del estadio Monumental, fue espectacular. Vestido con un saco dorado psicodélico, repasó esos himnos que los viejos nostálgicos guardábamos en el corazón: ‘Having a party’, ‘Tonight’s the night’, ‘Sweet little rock ‘n’ roller’, ‘Forever young’, aunque no cantó las más populares y tal vez ese fue un pequeño sinsabor. Sin embargo, el maravilloso espectáculo ofrecido costó cada centavo del ticket.
Rubén Blades: El último concierto que realizó el panameño en tierras peruanas fue en la renovada Feria del Hogar de 2014. Aquel evento tuvo un sabor especial, pues era el último que realizaría para abocarse enteramente a la política. Además, pocos meses antes había fallecido su ‘compadre’, el escritor colombiano Gabriel García Márquez, a quien dedicó el tema ‘Ojos de perro azul’ y algunas lágrimas.
Al acecho de una fina llovizna, el salsero también entonó temas como ‘El padre Antonio y su monaguillo Andrés’, ‘Todos vuelven’ o ‘El cantante’ y cerró con el infaltable ‘Pedro Navaja’, ese himno de los bravos: “Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar/ Con el tumbao que tienen los guapos al caminar/ Las manos siempre en los bolsillos de su gabán/ Pa’ que no sepan en cuál de ellas lleva el puñal”.
Aquella noche fue especial, cargada de recuerdos. Disfrutaron adultos que habían ido con sus hijos jóvenes, ancianos y parejitas enamoradas. El maestro Blades se llevó las palmas de todos. Entonces esa Feria del Hogar tenía el propósito de convertirse nuevamente en un evento multitudinario y anual, pero no fue así. Apenas tuvo debut y despedida. Me quedé corto con mis recuentos. Apago el televisor.
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