Blanca Varela
Blanca Varela

Este Búho ve con alegríapor sus cien años. Aunque ya no esté en este mundo, la poeta dejó un legado literario inmortal, que se sigue leyendo y con más admiradores cada año. En esta columna le he dedicado ríos de tinta y conozco muy bien su poesía. O eso creo. La he repasado innumerables veces, en distintas etapas de mi vida, y la sigo descubriendo en cada verso. La admiro no solo por su arte -que ha rejuvenecido con el tiempo-, sino porque fue una mujer empoderada y con su talento supo ganarse un lugar preponderante en un mundillo literario gobernado por varones.

Blanca disfrutó la vida como pocas: cultivó amistad con los más grandes pensadores de su época como José María Arguedas o Jean Paul Sartre, viajó como quiso y se enamoró perdidamente del reconocido pintor Fernando de Szyszlo, con quien se casó y algunos años más tarde se divorció, porque ‘las mujeres le movían las caderas y él enloquecía’.

Eso sí, nunca se supo reponer de la muerte de su segundo hijo, Lorenzo, quien falleció en un accidente aéreo el 29 de febrero de 1996. “Desde entonces no fue la misma. Ella estaba disgustada con el destino, con la naturaleza desalmada. Por un lado, comprendía, decía que la naturaleza tiene mucho de bueno y más de malo”, me contó alguna vez el vate Leoncio Bueno, un amigo cercano de Varela.

Que su ingreso a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y su amistad con el poeta Sebastián Salazar Bondy fue fundamental para cimentar su vocación, es verdad. Que fueron sus viajes a París los que atizaron y afinaron su creación poética, ya se sabe. Que fue el escritor mexicano Octavio Paz su amigo, maestro y aliado para publicar su primer poemario: ‘Ese puerto existe’, correcto. Que la maternidad significó una etapa de descubrimiento y deslumbramiento, así es: ‘Lo que recuerdo con más alegría es la época en que fui madre, cuando tuve ya mis dos hijos (Vicente y Lorenzo) y en que sentí que era como si realmente se hubiera completado un destino. Antes de tener hijos yo era algo más fría, más egoísta. Yo creo que con los hijos comprendí muchas cosas’.

Pero también hay una verdad que nadie discute y en la que todos coinciden, que con la muerte de su segundo hijo, cuando apenas tenía 36 años, Blanca Varela también murió. “Se fue apagando”, dijo el pintor en su momento. No solo he leído sus poemarios, también me he encargado de revisar las biografías y los estudios que se han escrito sobre ella.

Hace algunos años encontré en una librería ‘Entrevistas a Blanca Varela’, en la que se recopilan diversas entrevistas que la escritora concedió en distintas etapas de su vida. De allí quiero tomar un extracto de la conversación que sostiene con el periodista Ernesto Hermosa.

-Esta es una pregunta elemental: Para Blanca Varela, ¿qué es la poesía?

-Yo creo que es una manera de ser. Una manera de estar en el mundo, sobre todo.

-¿Qué le permite la poesía?

-Me permite tener acceso a una serie de estratos, digamos, más allá de la realidad de alguna manera, y al mismo tiempo me permite recrear ciertas cosas. ¿No? Para tener ese contacto tan duro y tan directo, a veces con el mundo, con la realidad.

-¿Blanca Varela por qué escribe? ¿Por herencia, de repente? ¿Escribe como catarsis? ¿Por qué o para qué?

-(...) Para mí, ya lo he dicho antes, es una forma de estar en el mundo y, al mismo tiempo, de buscar otro ámbito, otras cosas. ¿Puede ser eso una catarsis? Tal vez, no lo sé. ¿Puede ser también un diálogo conmigo misma? ¿El responderme cosas que los demás no me responden? Podría ser todo eso. Y tal vez no es evitar los fantasmas sino más bien crearlos. Una buena compañía son los fantasmas o los ángeles para los poetas.

Una trombosis a la carótida el mismo año de la muerte de su hijo le quitó poco a poco facultades físicas y deterioró su salud precipitadamente. A pesar de ello, pudo publicar ‘Concierto animal’ y ‘El falso teclado’, dos poemarios que los críticos ubican dentro de sus más grandes obras, después de ‘Ese puerto existe’.

Logró los máximos reconocimientos, como los premios ‘Octavio Paz’, ‘Federico García Lorca’ o ‘Reina Sofía’, pero nunca más fue feliz. Falleció el 12 de marzo de 2009 y sus cenizas fueron esparcidas en el mar de Paracas. Apago el televisor.

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