Julio Iglesias en la mira por acoso sexual.
Julio Iglesias en la mira por acoso sexual.

Este Búho está atento a los portales de noticias sobre las graves acusaciones contra el divo español Julio Iglesias, por acoso y agresión sexual de dos antiguas trabajadoras. Al cantante de 82 años se le ha borrado la eterna sonrisa porque la Fiscalía de la Audiencia Nacional tomará declaración a las dos mujeres que, supuestamente, eran obligadas a tener sexo contra su voluntad.

La vida del astro de la música se volvió hermética desde que se casó con Miranda Rijnsburger, una bella modelo de Países Bajos a la que conoció cuando ella tenía 23 y él 47, y con la que tiene cinco hijos. Julio Iglesias empezó a sonar en el Perú a fines de los años sesenta. Los militares estaban en el poder y poquísimas radios tocaban música en inglés. En esa época estaba de moda la música cubana de ‘Los Compadres’, la criolla con Lucha Reyes y el ‘rey’ de las baladas, Raphael.

Pero irrumpió un jovencito madrileño pintón que amenazó su reinado desde su primera canción. Además, era todo lo contrario a los amaneramientos del extraordinario cantante de Linares. Su ingreso a la música fue casual, pues no era ‘palomilla de ventana’, sino arquero de la reserva del Real Madrid a sus 19 años, pero un grave accidente de tránsito lo alejó de las canchas.

Era el año 1968 y el enfermero que lo atendía, Eladio Malagueño, le regaló una guitarra y lo animó a cantar. Acompañó a un amigo a una audición en una disquera. Él iba a tocar la guitarra y hacerle coros. Un cazatalentos le vio la pinta y escuchó su voz susurrante y le dijo: ‘Chaval, ¿por qué mejor no cantas tú?’.

Así inició su leyenda y ganó el prestigioso Festival de Benidorm en 1968 con uno de sus clásicos temas de su autoría: ‘La vida sigue igual’. Pero no sería hasta 1974 cuando grabaría su canción más emblemática, la que lo consolidaría como el principal cantante de habla hispana del planeta: ‘Por el amor de una mujer’, de su disco ‘A flor de piel’ (1974). Tema que paradójicamente no es de su autoría, sino de su paisano Danny Daniel, quien la grabó pero no tuvo el ‘jale’ de la versión de Julio. De la noche a la mañana se convirtió en ídolo. Millones de mujeres en España y Latinoamérica dormían con el LP bajo su almohada, el de la sonrisa seductora. Pero Julio tenía dueña.

En 1971 se había casado con una guapísima modelo filipina, Isabel Preysler, y tenía tres hijos pequeños: Chabeli, Julio José y Enrique. Era el típico esposo machista. Isabel nunca tuvo exposición mediática y crio a sus pequeños mientras el cantante iba alcanzando de manera fulgurante el éxito y el reconocimiento internacional. Aparentemente eran una familia perfecta. Él, joven asediado y exitoso. Ella, distinguida y bella. Pero las infidelidades del cantante hartaron a la filipina que le planteó el divorcio.

A partir de su separación en 1977, sus compositores, a pedido del propio Julio, empezaron a crearle canciones para un hombre solo, decepcionado del amor: ‘Cuidado amor’, ‘Amantes’, ‘Me olvidé de vivir’, o ‘Un hombre solo’. Tuvo romances con rutilantes actrices de la época como Leslie Caron, Sydne Rome, la viuda de Elvis Presley, Priscilla Presley, o la diva Diana Ross. Pero su romance más sonado fue con una jovencita tahitiana de 17 años, Vaitiare Hirshon.

En esa época se pasaba por ‘agua tibia’ que un madurón mantenga una relación de pareja con una chiquilla. Treinta años después, la tahitiana publicó un libro donde lo maleteó. Julio impuso un estilo musical sin tener una voz portentosa, tenía la ‘magia del eximio tarareador’ y una envidiable manera de vivir, de ‘latin lover’. Según la leyenda urbana, el artista habría estado con más de 2 mil mujeres, compitiendo con Mick Jagger. Él bromeaba con esta posibilidad asegurando que por sus sábanas pasaron solo un millar.

La Academia Americana de la Grabación le otorgó el premio a toda su carrera, el ‘Lifetime Archievement Aguard’, galardón que solo poseen unos pocos elegidos y lo sitúa al nivel de grandes estrellas como Elvis Presley, Queen, Frank Sinatra, The Beatles, Michael Jackson, Aretha Franklin o Barbra Streisand.

Escribió una carta personal a la directora de la revista ‘Hola’ por el apoyo que brindó a su dilatada trayectoria. Esa misiva fue compartida con sus lectores: ‘No creo en el destino, sino más bien en las circunstancias. Después de haber jugado en el Real Madrid, estudiado Derecho en la universidad y haber sufrido un accidente que casi me cuesta la vida, una guitarra me cambió la vida por completo. Yo no nací para ser cantante; en realidad no sé para qué nací (...)’. Apago el televisor.

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