Este Búho vio en televisión a Clímaco Basombrío Pendavis, el ‘Loco del martillo’, veinticinco años después de haber asesinado de forma terrible a Alexandra Brenes, una adolescente de solo 16 años. El informe de ‘DíaD’ lo mostró gordo y canoso mientras caminaba por una calle de Lima, tras haber recobrado su libertad luego de veinte años preso.
Su horrendo crimen a martillazos conmocionó a todo el Perú y traspasó nuestras fronteras por la brutalidad con que actuó.
Hoy la trabajadora del hogar Ida Merino, quien también fue masacrada por Clímaco y sobrevivió de milagro, aunque con graves secuelas que marcaron su existencia, clama porque su agresor cumpla con pagarle la reparación civil que ordenó la justicia. Ella está mal y su situación es apremiante.
Ingreso al túnel del tiempo. Era la tarde del 7 de julio del 2001. En una residencia de Chacarilla, en Santiago de Surco, Clímaco, un joven de clase acomodada que fue alumno del colegio Santa María, en un acto aparentemente inexplicable asesinó a martillazos a la hermana de su mejor amigo, la guapa Alexandra, atacó a Ida, entonces de 28 años, dejándola en estado de coma, y grave a su mejor amigo Sebastián Brenes (18) y a Carlos Lescano (19).
El crimen tuvo una increíble cobertura en los medios. Tres exalumnos del colegio Santa María de Monterrico se iban a reunir en la casa de uno de ellos para ensayar con su banda de rock subterráneo Canchita Serrana. Sebastián era un eximio baterista y Lescano tocaba el bajo. Clímaco estaba allí de ‘hincha’, pues no tocaba ningún instrumento. O se encontraba allí porque estaba enamorado en secreto de la guapa hermanita de su amigo, Alexandra.
Los muchachos ensayaron toda la tarde y según la manifestación de Sebastián y Lescano, bajaron a la tienda a comprar cigarros y galletas, ya que estaban con hambre porque fumaron un ‘tronchito’ de marihuana.
Basombrío, según los amigos, estaba algo intranquilo, de acuerdo a los exámenes toxicológicos, habría consumido cocaína. En el teléfono de la tienda llamó a su madre. Luego, en la azotea de la casa, al reanudarse los ensayos, le pidió al dueño que le preste una corbata, porque se casaba un primo suyo. “Anda a mi cuarto”, le respondió el anfitrión.
Al bajar al segundo piso se encontró con Ida, la trabajadora del hogar, cuando le dio la espalda, la agarró a martillazos en la cabeza. La empleada cayó al piso y de su cabeza manaba sangre y se veían restos de masa encefálica. Alexandra en ese momento comenzó a llamar a Ida, Clímaco le dijo “se ha caído por la escalera”, pero ella vio sus manos con sangre.
Según el asesino, “comenzó a gritar, yo le pedía que se calle y al no hacerme caso...”. Sin embargo, el policía que llegó después de producido el hecho de sangre afirmó que Clímaco le asestó a la infortunada jovencita ¡¡44 golpes de martillo en la cabeza!! Murió al instante.
Luego, como un autómata gritó: “¡¡Sebastián, baja, te llama Alexandra!!”. Cuando su mejor amigo bajó, lo golpeó con fuerza en la cabeza, pero felizmente este no perdió el conocimiento y pidió ayuda a Carlos, quien llegó justo cuando Clímaco iba a rematar a Sebastián. “¡¡Me quiere matar!!”, grita y Carlos se le abalanza. Un golpe le impacta en el mentón, pero logró abrazar al homicida y, al menos, neutralizarlo, mientras Sebas salió a llamar al ‘Cholo’ Julián, el vigilante, quien sube y ayuda a Carlos y entre los dos logran reducir a Clímaco, que parecía tener una fuerza sobrehumana.
Cuando llegó la Policía encontró un cadáver, una mujer cuya vida pendía de un hilo, dos muchachos conmocionados y un agresor que balbuceaba: “No me acuerdo de nada”.
Durante el juicio, que duró dos años, repitió lo mismo. Su defensa arguyó que estaba traumado porque su padre, su ídolo, había muerto de forma súbita, cuando él tenía apenas once años, y su madre y hermanas no le daban amor. Se le dictó veinte años de prisión y el pago de 400 mil soles de reparación civil. Las personas somos capaces de los actos más hermosos y sacrificados, pero también de los más espantosos. Apago el televisor.
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