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El papa de vuelta al Perú

El Búho recuerda aquella histórica visita del papa Juan Pablo II a nuestro país en aquel convulsionado año 1985
En 1985, el Papa Juan Pablo II visita Cuzco y Ayacucho, en Perú.

Este Búho se emociona al enterarse que el papa León XIV llegará al Perú el próximo 11 de noviembre. Su visita tiene la particularidad de que Robert Prevost volverá al país donde desarrolló gran parte de su labor pastoral y su visita incluirá Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa. Los norteños no olvidan la ayuda que dio a la gente de Mórrope en los momentos más duros del coronavirus. También en el ciclón Yaku, cuando muchas casas se inundaron, hay fotos de él en medio del agua y a caballo para llevar ayuda. Bien dice ese pasaje bíblico de Mateo: ‘Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis…’.

Este columnista entra al túnel del tiempo y recuerda aquella histórica visita del papa Juan Pablo II a nuestro país en aquel convulsionado año 1985. El sacerdote polaco Karol Wojtyla tomó el nombre de Juan Pablo por el anterior, que fue Juan Pablo I. El nuevo papa impuso un estilo mucho más campechano y dispuesto a llegar a sus feligreses con un contacto directo, por ello fue un ‘papa viajero’ y se le conoció como ‘Juan Pablo peregrino’. Desde que el Perú y la Santa Sede establecieron relaciones diplomáticas, en 1859, nunca nos había visitado un sumo pontífice. Por eso, el anuncio de que el santo padre iba a llegar a nuestro territorio causó tremendo impacto.

Recuerden que se acababa el segundo gobierno de Fernando Belaunde y el Perú era corroído por la insania terrorista de Sendero Luminoso. Por eso, el papa decidió, aún en contra de los consejos de Belaunde Terry, viajar a Ayacucho, y esa visita fue comentada en el mundo entero. El papa polaco tenía razones para no sentir miedo. Nació en 1920. En la secundaria destacó como ajedrecista. De joven tuvo que trabajar en una cantera y en una fábrica química para evitar que lo deportaran a Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Tuvo el coraje de luchar en la resistencia contra los nazis y por ello fue fichado por la Gestapo. Contaba que se refugió en una casa abandonada para evitar su captura y se integró a un grupo de jóvenes que hacían teatro y otras actividades culturales para resistir a la ocupación nazi.

Tres años después –en 1985- el Papa tuvo la amabilidad de volver a tierra peruana para la clausura del V Congreso Eucarístico Mariano de los países Bolivarianos. De esta visita quedó como recuerdo el hermoso himno del Congreso, “Danos hoy hambre de Dios” compuesto por Mons. Juan José Larrañeta; y la llamada “Cruz del Papa” construida con los restos de las torres destruidas por el terrorismo, hoy en Plaza San Miguel.

Muchos años después, ya siendo sacerdote, Karol escribiría una obra de teatro, ‘El taller del orfebre’, cuyo tema musical en castellano interpretara el venezolano Guillermo ‘Nacho’ Dávila, que sonó mucho cuando se produjo la llegada del sumo pontífice a nuestro país. De joven jugó al fútbol, era delantero y dicen que tenía buen dribling. A los 23 años ingresó a un seminario clandestino para sobrevivir a las masacres de las tropas alemanas. Siempre destacó por su extraordinaria inteligencia y llegó a dominar, además del polaco, el italiano, francés, alemán, portugués, ucraniano, ruso, croata, griego antiguo, latín y español.

Su obra religiosa es muy conocida y los peruanos lo recuerdan con mucho cariño y gratitud. En su primera visita al Perú fue a Palacio de Gobierno, la Catedral de Lima y veneró las reliquias de Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y Santo Toribio de Mogrovejo. Luego viajó a Arequipa, Cusco y cuando fue a Ayacucho, en plena violencia senderista, con torres derrumbadas y coches bomba, dirigió un mensaje: “Cuando una ideología apela a la violencia, reconoce con ello su propia insuficiencia y su debilidad”. Después, mirando a la masa que atiborraba la plaza, como si quisiera descubrir a algunos terroristas camuflados, gritó: “¡Cambiad de camino, aún estáis a tiempo!”.

Posteriormente fue a Villa El Salvador, Callao, Trujillo e Iquitos, donde pronunció su histórica frase: “El papa se siente charapa”. En el hipódromo de Monterrico, el papa se reunió con los jóvenes. Su segunda visita al Perú, en 1988, durante el primer gobierno de Alan García, fue más breve, pero recibió el cariño multitudinario del pueblo peruano. Como testimonio hay muchos monumentos que lo recuerdan, además del mural que le hicieron a lo largo de la avenida Salaverry. Esperamos que el padre Robert llene de optimismo a los peruanos y traiga muchas bendiciones. Apago el televisor.

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