“Este es el libro que siempre soñé con escribir, la novela que siempre quise escribir”, dijo Gabriel García Márquez sobre 'El amor en los tiempos del cólera'
“Este es el libro que siempre soñé con escribir, la novela que siempre quise escribir”, dijo Gabriel García Márquez sobre 'El amor en los tiempos del cólera'

Este Búho ordenaba sus libros cuando de pronto me encontré con un viejo álbum de fotos. Al ojearlo vi instantáneas de hace más de cinco décadas, cuando apenas era un imberbe muchachito con su camisita blanca, su pantalón gris y zapatitos negros bien lustrados que iba a la primaria. Estaba de la mano de mis dos abuelos: Josefina y Silverio. Ellos, entonces, jóvenes llenos de vida, fuertes, con fulgor en los ojos.

Su historia para algunos es romántica, para otros horrenda, porque estuvo marcada por el increíble rapto de Josefina por parte de Silverio, quien la quería como su mujer. Llegaron de los Andes para formar en Lima su hogar, lejos de la oposición familiar. Alguna vez creí que ese amor de mis abuelos era muy similar al de los personajes del libropues se trataba de un amor que surcó muchos baches hasta realizarse.

Recuerdo que todos en la universidad esperábamos con ansiedad en aquel 1985, la anunciada nueva novela del escritor. ‘Gabo’ se había demorado cuatro largos años en escribirla y estaba, sinceramente, en deuda con sus lectores.

Si ‘Cien años de soledad’ había sido su obra maestra, casi imposible de superar, la siguiente, ‘El otoño del patriarca’ estuvo a la altura, incorporando a su estilo nuevas técnicas narrativas que colocaron a la novela sobre un dictador latinoamericano al mismo nivel de la monumental ‘Señor presidente’, de Miguel Ángel Asturias.

Su siguiente novela, ‘Crónica de una muerte anunciada’, si bien es una historia con el sello del de Aracataca, se necesitaban para devorarla solo unas horas al ser un relato atrapante y de narrativa perfecta, pero definitivamente una obra menor al compararla con sus dos anteriores libros.

Por eso todos se sorprendieron cuando ‘Gabo’ anunció que sería una ‘novela de amor’. Hasta ese momento, sus historias transcurrían por tópicos que iban desde lo ‘real maravilloso’, cruentas guerras civiles, las vicisitudes de un viejo dictador sin edad en un alucinante país caribeño o la increíble historia de un asesinato, donde todo el pueblo sabe que van a matar a un joven y este recorre la ciudad sin saber que va a morir.

Muchos de sus detractores se adelantaron a anunciar la ‘decadencia’ del colombiano. ‘Las historias de amor no venden en América Latina’, ‘Se le acabó la imaginación’, decían los envidiosos de siempre disfrazados de críticos.

Pero ‘Gabo’ les calló la boca a todos. ‘El amor en los tiempos del cólera’ no era la historia de un amor cualquiera. Florentino Ariza mantiene un romance de juventud con Fermina Daza, enamoramiento destruido por los padres de la joven que no permiten que se case con un ‘don nadie’ y los separan mandando lejos a la joven, en un barco, por el valle y la sierra.

Pero el novio no la olvida y se las arregla para escribirle poemas y fogosas cartas de amor, tras implorar a los telegrafistas de los puertos donde recalaba el barco de su amada para que se las hicieran llegar. Pero después de dos años, al regresar a casa, ella le dice ‘no, por favor, olvídelo’.

Sin embargo, terco, apasionado, desesperado, Florentino no encuentra la fórmula para mitigar el dolor que le significa no estar con ella y decide seguirla amando, a pesar de que la muchacha se casa con un doctor rico y de buen corazón.

La llama del amor se aviva en Ariza aún al saber que ella anda con su marido recorriendo Europa. El matrimonio de Fermina con el doctor Urbiola es tan apaciguado que ella misma se confiesa que lo más problemático de su matrimonio ‘es aprender a manejar el tedio’.

Los jóvenes lectores nos conmovimos con aquel apasionado relato de un hombre que esperó 50 años, nueve meses y cuatro días para recién volver con el amor de su juventud, de su madurez y de su vejez. Florentino tuvo muchísimas mujeres en cuerpo, porque en su alma siempre estuvo Fermina.

Por eso lo mejor de la novela es la parte final, cuando la muerte se convierte en aliada del enamorado: el esposo de Fermina muere en un accidente doméstico estúpido. Allí empieza el cortejo de Ariza y allí también García Márquez lo relata con una maestría bebida de sus admirados Faulkner o Hemingway. Esta es la mejor parte.

Lo difícil de aceptar, por parte de Fermina, es el volver a amar al final del camino y la conmovedora cruzada del viejo telegrafista en revivir ese amor adolescente que algún día sintió por ella y esta por él.

Al leer las casi 300 páginas, el lector se sentirá también aprisionado, pero de amor. Del amor más puro, el de esos dos viejitos envueltos en una pasión y que sienten que cada segundo de sus vidas puede ser ya el último y, por lo tanto, hay que amar hasta morir. No por nada ‘Gabo’ sentenció: “Este es el libro que siempre soñé con escribir, la novela que siempre quise escribir”. Apago el televisor.

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