Periodista Hugo Bustíos
Periodista Hugo Bustíos

Este Búho abre sus ojazos al leer que el Tribunal Constitucional anuló la condena de doce años de cárcel en contra de , cuando investigaba un crimen atribuido a Sendero Luminoso. Cuando el general fue sentenciado, escribí que se trataba de una reivindicación al periodismo guerrero, valiente, que buscaba ante todo la verdad sin importarle el peligro.

Cubrir información en las zonas de emergencia, donde campeaba el demencial terrorismo senderista, era una misión que te podía llevar a una muerte terrible, como la que sufrió la periodista de El Comercio, Bárbara D’Achille, asesinada a pedradas por los senderistas en Huancavelica en 1989, o el de ocho periodistas masacrados a manos de la comunidad de Uchuraccay, de manera horrible, a pedradas y hachazos al confundirlos con ‘terroristas’.

A esa estirpe de periodistas pertenecía Bustíos. Hugo no solo era redactor, sino incansable fotógrafo. Por ello encontró la muerte. En Huanta se contabilizaron más de once mil víctimas de la violencia. El comunicador se movía como pez en el agua, conocía a los mandos militares, tenía una bodega donde a veces uniformados iban a comer y recogía información privilegiada del desarrollo de la lucha antisubversiva.

Por otro lado, conocía muy bien a los campesinos porque les vendía productos agrícolas. De esa manera también recogía información de los movimientos de los senderistas. Mandaba sus informes y sobre todo sus fotografías, denunciando las masacres senderistas y también los excesos de malos mandos militares.

El periodista vivía entre dos fuegos y sabía que se jugaba la vida. Así fue como llegó el día aciago de su ejecución. Había recibido la noticia de que los senderistas habían asesinado a una comunera y su hijo acusados de ‘soplones’. Hugo subió a la moto de su colega Eduardo Rojas. Cuando llegaron los militares les ordenaron ir a pedir permiso al cuartel de Castropampa. Al estar ante el jefe, Víctor La Vera, este le dijo que un terrorista capturado lo delató como integrante de Sendero. En ese momento un camión portatropa con efectivos salió del cuartel. Ni bien llegaron a la casa fueron recibidos con disparos desde la patrulla militar.

A Bustíos, herido, lo remataron lanzándole un explosivo. Rojas logró huir e identificó a los autores ante la Fiscalía. El caso llegó a los tribunales, pero recién en el 2009 el excapitán EP Amador Vidal declaró que Daniel Urresti, ‘Capitán Arturo’, fue uno de los autores del asesinato. El crimen de Bustíos no podía quedar impune.

Este columnista era jovencito cuando me tocó cubrir los sanguinarios asesinatos del senderismo, la desaparición de civiles en 1988 en Pucallpa, y cuyos familiares denunciaban que habían sido previamente detenidos por la Marina. Tener un carnet de periodista investigando en esas circunstancias era como tener un pasaporte a la muerte.

Había que camuflarse, citarse en lugares y a horas insospechadas y salir huyendo, a escondidas, al aeropuerto cuando se había logrado el objetivo. Muchos colegas casados, con hijos, no aceptaban viajar a Ayacucho, Pucallpa, San Martín, Tingo María, a cubrir.

Bustíos es un héroe junto a Bárbara D’Achille. Mi homenaje a los periodistas de esas épocas cuando no había la suerte de tener Twitter, YouTube, TikTok, Facebook. Ellos eran de carne y hueso, se fundían con la noticia al punto de exponer su propia vida.

Este Búho es un tío curioso que no le corre a las nuevas plataformas y las saludo. Sin embargo, bueno es culantro, pero no tanto: enerva ver a payasos que se compran su cámara, sacan un canal en YouTube para hablar piedras y ya se alucinan periodistas. ¿Qué podría pensar Bustíos, que justamente murió por tomar una fotografía real y descarnada en la peligrosa Huanta senderizada y militarizada? La familia de Bustíos ya anunció que acudirá a las cortes internacionales en busca de justicia. El dolor no prescribe. Apago el televisor.

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