
Este Búho abre sus ojazos y observa la locura desatada por Bad Bunny entre los jóvenes peruanos que se amanecen haciendo colas en la calle para tener un lugar de privilegio en sus dos conciertos en Lima. La compra de los boletos fue hace meses y se agotaron rápidamente. Esta fiebre por el cantante boricua es comparable a la que provoca en el Perú y en gran parte del mundo la banda surcoreana BTS, que anunció que se presentará en nuestro país en octubre de este año.
La noticia cayó como una bomba de relojería entre sus fanáticas, pues se trata de su retorno a los escenarios tras haber estado separados cuatro años por el servicio militar obligatorio en su país, que sus miembros debieron cumplir. Aún no se ha dado a conocer el precio de las entradas, pero seguramente serán bastante caras.
Buscando aprovecharse de la enorme expectativa entre las jóvenes fanáticas, sujetos despreciables prometen desde hace días en redes sociales ‘apoyo económico’ y entradas a esos shows a cambio de favores sexuales. Mucho cuidado con esos ‘buitres’, que buscan engañar, estafar y abusar de las chicas. Las autoridades debe investigar y capturarlos.
Pero desde hace años, cuando solo eran unos adolescentes, los BTS se convirtieron en un fenómeno. Así, lograron el récord histórico de visitas en YouTube de un estreno en video musical y en un solo día registraron 45 millones de vistas. ‘Idol’, su clip, batió a Taylor Swift.
En 2018 ganaron los premios Billboard al ser el primer grupo coreano en llegar al número uno de ventas en Estados Unidos con su álbum ‘Love Yourself: Tear’. Jin, J-Hope, RM, Ji-min, Suga, V y Jung-kook llenaban todos los estadios donde se presentaban.
Su tour mundial del 2018 se inició en Seúl con un estadio olímpico full de bote a bote, con 90 mil chibolas y chibolos, padres incluidos. Solo dieron una función en Nueva York en su gira norteamericana, copando las 42 mil localidades del City Field. Su gira continuó por Europa y también llenaron estadios en Japón.
Muchas de sus seguidoras de esos tiempos eran un púberes de diez a trece años, pero hoy son unas señoritas y algunas hasta se casaron, pero los siguen admirando. Acá, ellas realizan eventos desde hace años en los que se paga para ingresar. Reciben posters, adquieren souvenirs, desde pines hasta costosas poleras, calzado, tazas, vasos, polos y muñecos de los coreanos.
El negocio es la venta de recuerdos que tanto desean las chicas. Además de conferencias sobre el grupo, proyección de documentales, conciertos en vivo y, al tener una duración de varias horas, hasta había patio de comidas donde vendían sopas ramen coreanas y otros platillos del país de la Daewoo. Me tomé el trabajo de analizar la temática de sus letras y comprendí por qué a la mayoría de las asistentes se les notaba que son las tranquilas del salón, inocentes, que no tienen la pinta de ser las ‘matonas’ del colegio, como las ‘Pink Ladies’ de la película ‘Grease’.
Sus letras hablan de la ansiedad y de los problemas de los chicos en su casa, pero sobre todo en la secundaria, el instituto o la universidad. Hablan sobre temas recurrentes en la pubertad, la ilusión de la primera atracción o llamémosle amor, el desamor, la depresión, la pérdida del ser querido, un novio o un amigo. Si en un primer momento subieron como la espuma con los contagiantes ritmos del ‘hip-hop’ y sus alucinantes coreografías, posteriormente empezaron a incluir hermosas e intensas baladas.
Por eso comprendo por qué sus seguidoras forman una comunidad internacional con sus poleras y sus lentecitos redondos. BTS significa Bangtan Sonyeondan, que en español sería ‘chicos a prueba de balas’ o ‘boyscouts a prueba de balas’. Espero que esos mensajes sean captados por las adolescentes. Estos coreanos, amantes de las bromas pesadas, pueden ser la vía para que los padres ingresen y compartan el a veces impenetrable mundo interior de sus hijos. Apago el televisor.
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