El Bombardero de Trome
El Bombardero de Trome

Del saque somos carnecita... Hace dos años no viajaba. Ni a Pisco. Viernes 25 de setiembre y el reloj marcaba las 5 de la tarde. Me entró la locura. Marco el número de mi compadrito, el mejor buceador de precios en pasajes aéreos. Por algo lo llamo ‘Aerolíneas George’. Pasaron 20 minutos y listo mi ticket a Miami para las 11:45 de la noche por American. Tome mi ‘carrión’, metí cinco polos con etiqueta, dos jogger, dos pantalones de buzo, dos pares de zapatillas y su polito de gym. Todo sobre la hora, fiel a mi costumbre.

Mi hermano me recogió en casita y rumbo al nuevo aeropuerto ‘Coco Chávez’ que no conocía. En el trayecto hice terapia con mi causa Walter ‘El peruanito’, que es un reviente. Es el único que se mete Red Bull, sildenafilo de 8 soles, su whisky y propinón para levantarse una gebita. Esa combinación es una molotov, la atómica y frijoles guardados de dos semanas. Y rinde el viejo. Sí, señores...

Para variar me saqué la bolita. Asiento en la última fila. Pegadito al baño. Mi brother se olvidó de que ya me operaron de la próstata y tengo trompito nuevo. Ya parezco un grifo de barrio. Pero bueno, no me quejo porque volé de salón. Nunca agarré sueño en las seis horas en el aire. Estaba inquieto, porque adelante había un personal que su respiración la sentía en mis oídos. Tremendo cirujano. Mis respetos para esa escultura. Encima, la azafata me dio una papita que estaba crocante, pero me cayó pésimo. Ese reflujo de mela no me deja comer rico.

Aterricé a las 6:30 de la mañana y otra vez a pasar por Migraciones donde no me preguntan, me interrogan. Esta vez el policía me pidió mi pasaporte y se quedó viendo su computadora por tres minutos y en silencio. Ya me estaba palteando y me soltó: Cuánto traes. Y en one lo parché: efectivo y tarjetas. Me entrega mis papeles y felizmente en el camino no me llevaron al cuartito ni me abrieron la maleta. Mi facha de Nicky Jam los psicosea. Yo solo traigo amor y cariño a este país donde he ingresado 50 veces y nunca me he quedado más de un mes. Las monedas y dulcecita están en mi Perú. Así es...

Ya liberadito de los controles salí agrandadito, subí al segundo piso y me paré en la puerta 9 para que mi batería Pepe Fenco me lleve con su nave hasta Orlando a ver el Perú-Estados Unidos. El hombre es el mejor anfitrión de la isla. Conoce los sitios nice como los caletas donde la joda te abraza, coquetea y te deja ‘michi michi’. Ya acomodado en el auto me dibujé y me puse mis lentes ‘Luisito Vuitton’. Y para los zapatos rotos, los originales. Los compré a 950 cocales en el Jockey Plaza. Y con la mía, no de mermelada.

En el trayecto hizo un alto en la panadería ‘Moulin Rose Bakery’ en Kendal. Mis empanaditas de pollo y su jugazo natural de naranja. Con la barriguita topada me dio sueñito. Una roncadita de hora y media y como nuevo. Con su bachata de fondo recorrimos cuatro horas de millas, la autopista plana y directa, pensar que los rompemuelles son de dos pisos en Lima.

Por internet reservé una habitación en el Holiday, donde me duché y me puse serio con el outfit: sport-pirañada. Esa fusión que hace juego de luces a donde vayas. Es el no sé qué. Ese que nadie puede explicar. Salgo arrancado del hotel porque estaba retrasado. Pero no para ir a Disneylandia o los parques que son visitados por todas las familias del mundo. Nada que ver. Tocaba observar a los muñecos del Mano Menezes. Curuju...

“Sobrino, mejor hubiera invertido en un night club y me salía más barato. Pagué capricho para estar al ras del campo”, me dice un hincha sesentón y criollazo camino al estacionamiento después del 4-1. Y tenía mucha razón. La entrada más misia costaba 85 cocos. Si le incluyes garaje, gasolina y agua, eso no bajaba de 160 verdes la tarde. Cuánto habrá invertido ese tío para estar en esa zona. Allí mínimo dos o tres botellas de líquido o morías deshidratado.

La peruchada se sopló un calor infernal. Sentado en la tribuna era como estar en la cámara de vapor de la avenida Sucre. La hinchada se portó como los dioses. Alentaba y taconeaba el piso. Cómo habrá sido el baile en el segundo tiempo de los mocosos de Pochettino que al minuto 90 gritaban: Sí se puede. Ya veían a Mickey Mouse en la cancha y se cag... de risa.

Me comí un budín con pasas. Si soy malaleche diré que no hay equipo. Si soy suavecito, que estamos en construcción. Si soy un maldito, individualizo y trituro a todos. Que no hay material y esperanza. Vamos a darle tiempo al entrenador. Que siga probando. Estos rivales nos hacen pisar tierra. Encontremos el sistema y 20 obreros. Seamos recurseros. Si hay que nacionalizar a once como Marruecos, hagámoslo como la letra de una salsa. Casi no entro al ‘Inter&Co Stadium’ porque había filas de filas de gente, pero como uno es frío hizo la del tuerto. Los blancos gritaban y se quejaban en inglés y conmigo no era. Los de seguridad me vieron tranquilito y pasé piolita. Hay que jugar en el Cusco y hacer cosas dentro de lo permitido para sacar ventaja. Ya no quiero estar en la cola del continente. Así es... Me voy soy fuga.

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