El presidente de EE. UU., Joe Biden, saluda mientras aborda el Air Force One antes de partir del aeropuerto de New Castle en New Castle, Delaware, el 29 de mayo de 2022. (Foto de MANDEL NGAN / AFP)
El presidente de EE. UU., Joe Biden, saluda mientras aborda el Air Force One antes de partir del aeropuerto de New Castle en New Castle, Delaware, el 29 de mayo de 2022. (Foto de MANDEL NGAN / AFP)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su esposa Jill partieron este domingo hacia Uvalde, la pequeña localidad de Texas consternada después de la masacre en una escuela primaria que dejó 21 muertos.

En momentos en que se conocen crudos testimonios de los niños que sobrevivieron al ataque, el mandatario instó a actuar para prevenir futuras masacres en un país donde los esfuerzos para endurecer las regulaciones de armas de fuego han fracasado repetidamente.

No se puede hacer que los dramas sean ilegales, lo sé. Pero se puede hacer que Estados Unidos sea más seguro”, expresó Joe Biden en un discurso el sábado, lamentando que “tantas personas inocentes hayan muerto”.

“Así que hago un llamado a todos los estadounidenses en este momento para que se unan y hagan oír sus voces y trabajen juntos para hacer de esta nación lo que puede y debe ser”, dijo el presidente.

Mientras, trascendían inquietantes relatos de niños que sobrevivieron a la matanza del martes, cuando Salvador Ramos, de 18 años, abrió fuego con un rifle semiautomático.

Ramos ingresó a un aula, cerró la puerta y se dirigió a los niños: “Vais a morir todos”, antes de abrir fuego, relató un sobreviviente, Samuel Salinas, de 10 años, al canal ABC.

La policía admitió haber tomado una “decisión errónea” al demorar su ingreso al centro educativo tras ser alertada del tiroteo.

En efecto, tardó cerca de una hora en poner fin a la masacre, a pesar de varias llamadas de niños que pedían una intervención. Los 19 agentes que se encontraban en el lugar esperaban la llegada de una unidad especializada.

A la postre, Ramos fue ultimado por la policía.

Flores a la entrada de la escuela primaria donde ocurrió un tiroteo el pasado 23 de mayo en Uvalde, Texas. (Foto: CHANDAN KHANNA / AFP)
Flores a la entrada de la escuela primaria donde ocurrió un tiroteo el pasado 23 de mayo en Uvalde, Texas. (Foto: CHANDAN KHANNA / AFP)

“Nadie gritó”

Los sobrevivientes del ataque dijeron haber realizado llamadas susurradas y suplicantes al 911. Algunos se hicieron los muertos para evitar llamar la atención del tirador.

Samuel Salinas contó que se tiró al piso para simular su muerte.

Lo mismo hizo Miah Cerrillo, de 11 años, para escapar de la atención de Salvador Ramos. La niña se cubrió con la sangre de un compañero, cuyo cadáver estaba junto a ella, dijo a la cadena CNN fuera de cámaras.

Acababa de ver como Ramos mató a su maestra después de decirle “buenas noches”.

Otro estudiante, Daniel, contó al periódico The Washington Post que mientras las víctimas esperaban a que la policía viniera a rescatarlos, nadie gritó.

“Estaba asustado y estresado, porque las balas casi me pegan”, dijo.

Su maestra, que resultó herida, les susurró que “mantuvieran la calma” y “quedaran quietos”.

Finalmente fue rescatado por la policía, que rompió las ventanas de su salón de clases. Desde entonces, sufre recurrentes pesadillas.

Impulso de solidaridad

Desde el miércoles, vecinos de esta pequeña ciudad y de otras localidades acuden a todas horas al memorial improvisado con 21 cruces de madera blancas instaladas en la plaza con el nombre de 19 niños y dos maestras muertos.

Los asistentes, en silencio, forman un círculo en torno al memorial, se dan las manos y rezan.

También dejan flores y peluches que se unen a los numerosos mensajes de cariño escritos en las cruces, palabras como “Te quiero” o “Te extrañaré”.

“Es importante estar aquí, darle el pésame a la comunidad”, dice Rosie Varela, de 53 años, que viajó una hora desde la ciudad texana de Del Río, con su marido y su hijo adolescente.

“No están solos; estamos aquí para apoyarlos. Habría sido triste que nadie viniera aquí”, añade con lágrimas en los ojos.

“Tenemos que ayudar a estos niños a salir de este trauma, de este dolor”, dijo por su lado Humberto Renovato, de 33 años, quien nació y creció en Uvalde.

“Tener coraje”

La vicepresidenta Kamala Harris, quien a mediados de mayo estuvo en el funeral de una de las diez víctimas negras asesinadas en un tiroteo racista en Buffalo, Nueva York, dijo que “no permitiremos que aquellos que están motivados por el odio nos separen o nos asusten”.

También urgió a los legisladores a actuar. “El Congreso debe tener el coraje de enfrentarse, de una vez por todas, al lobby de las armas y aprobar leyes razonables de seguridad de armas”, tuiteó en alusión a la poderosa e influyente Asociación Nacional del Rifle (NRA).

El tiroteo de Uvalde es el peor que sufre Estados Unidos desde que 20 niños y seis adultos fueron acribillados en 2012 en la escuela primaria de “Sandy Hook”, en Newtown, Connecticut.