Jardineros podan palmeras al costado de una carretera en Sevilla el 19 de julio de 2022. - España, que ya ha visto su mayo más caluroso desde principios de este siglo, permaneció el 19 de julio bajo las garras de una ola de calor excepcional. (Foto por CRISTINA QUICLER / AFP)
Jardineros podan palmeras al costado de una carretera en Sevilla el 19 de julio de 2022. - España, que ya ha visto su mayo más caluroso desde principios de este siglo, permaneció el 19 de julio bajo las garras de una ola de calor excepcional. (Foto por CRISTINA QUICLER / AFP)

Unas horas antes de salir de su casa para trabajar, José Antonio estaba investigando sobre los golpes de calor y cómo sobrevivir a uno. Ante las altas temperaturas de verano que viven en España y la mayoría de los países de Europa, este trabajador de limpieza pública necesitaba estar preparado; sin embargo, en medio de sus labores se desmayó y murió.

José Antonio no soportó el sofocante clima de Madrid y se desplomó en la calle de Vallecas, que barría todos los días. Su cuerpo de 60 años superaba los 41°C y cayó inconsciente por un golpe de calor. Según El País, murió en el hospital horas después, producto de un infarto.

Así como este trabajador, otras 509 personas fallecieron en toda España entre el 10 y el 16 de julio por las altas temperaturas que han llegado incluso a los 44°C. Esta cifra sin duda es una urgente advertencia del riesgo que las altas temperaturas suponen para el ser humano.

Sin embargo, este registro de muertes ha descendido conforme han pasado los años debido a los planes de prevención contra las olas de calor, que han salvado miles de vidas, después que en agosto del 2003 más de 6.600 perdieran la vida en el país en apenas dos semanas, en una de las tragedias más grandes producidas por el verano.

“Tras lo ocurrido en agosto de 2003, se pusieron en marcha planes de prevención que se han demostrado muy eficaces. La gente ha visto que el calor puede matar gracias a esta educación ambiental. Ahora ya no ves a personas mayores paseando bajo el sol en pantalones largos, sin sombrero y sin su botella de agua”, comentó el doctor en física y profesor de investigación en el Instituto de Salud Carlos III, Julio Díaz.

Este investigador de Madrid ha dedicado buena parte de su trayectoria científica a entender la relación entre la subida de las temperaturas y los incrementos de la mortalidad y a desarrollar medidas para prevenir más pérdidas de vida.

“Si las muertes por calor han bajado en los últimos 20 años es porque hemos sido capaces de adaptarnos a este incremento. Una pequeña parte del proceso es natural, el propio organismo se aclimata a vivir con más calor, pero solo con esto no sería suficiente. Nuestros estudios muestran que, gracias a las medidas adoptadas, nuestra capacidad de adaptación ha crecido más rápido”, agregó.

Para Díaz, la mortalidad es distinta en España y eso depende de la temperatura umbral de cada provincia. Mientras que en Madrid son 34 grados, en Córdoba hay 40°, en Barcelona es a partir de 30° y en A Coruña, de 26°.

“Hay una temperatura umbral a partir de la cual aumenta la mortalidad distinta en cada provincia, que es como lo calculamos. Cuando la temperatura supera este umbral, la mortalidad empieza a crecer”, alertó.

El factor socioeconómico

Son los distritos con menos recursos donde se registra el incremento de mortalidad, mientras en los que la tienen mayor ingreso esto no se produce, señala el físico.

“La cuestión ya no es tener aire acondicionado o no tenerlo, sino si te puedes permitir encenderlo. Esto también pasa con el frío y la calefacción. La pobreza energética es esto: no poder utilizar algo que reduce el riesgo de mortalidad. Otro factor que influye son las rehabilitaciones de edificios antiguos: a más licencias, se mejoran los aislamientos y el impacto del calor es menor. Es clave rehabilitar, invertir en políticas de vivienda...”, lamentó.

Hay otras variables que influyen en la mortalidad, como el ozono, indicó; además de las partículas en suspensión en el aire.

“La subida de las temperaturas se ha producido porque había una situación de bloqueo anticiclónico, el aire no se mueve y se va calentando. Luego, del viernes al domingo, entró aire del Sáhara, más caliente y con partículas. Se han dado las circunstancias para que todo esto suba, pero seguimos mirando solo el calor cuando el impacto de las partículas y el ozono sobre la mortalidad es también muy importante”, agregó.

“En España tenemos un buen plan frente al calor, pero se ha quedado corto. Es el momento de ir más allá. Tenemos que actualizar los planes frente al calor para evitar que la mortalidad se dispare en el futuro”, concluyó.

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