El micromachismos es muy común y la mayoría es parte de él con pequeños gestos, comentarios y prejuicios que se tienen tan interiorizados que salen solos, aunque se tenga una postura en contra del machismo. Por ejemplo, decir ‘pareces niñita’, cuando un hombre o niño llora o se queja. Sentir incomodidad o inferioridad porque el sueldo de la novia o mujer es más alto. Comentar, ‘qué suerte que tu novio te ayuda en casa’, son solo algunas de las frases y actitudes que seguramente en un momento ha escuchado o, incluso, ha dicho sin reflexionar en ellas ni darse cuenta que está contribuyendo a la desigualdad de género.
Para los expertos, eso es el micromachismo, una muestra de violencia en la vida cotidiana tan sutil que suele pasar desapercibida, pero que refleja las diferencias de las mujeres respecto a los hombres.
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Si bien cuesta derribar estos pensamientos porque están normalizados y se vive en medio de una sociedad machista, hay que empezar por cuestionarse, analizar a profundidad el porqué afecta a nuestro entorno y a nuestra propia conducta. Luego, empezar a responder, siempre de manera educada, sobre el rechazo de estas conductas y frases.
Para Joyce Salinas, psicoterapeuta en niños y adolescentes, es importante empezar a darse cuenta cuáles son estos micromachismos que, sin ser conscientes, se transmiten a los hijos.
“Los niños aprenden por imitación y son los padres su modelo a seguir. Si en casa se inculca el valor de la igualdad, donde todos son importantes, merecen ser escuchados, respetados, donde hombre y mujer tienen los mismos derechos y oportunidades, los pequeños van a interiorizar comportamientos y actitudes positivas que van más allá del género”, sostiene. Empiece por eliminar los estereotipos sobre preferencias de colores, deportes o tareas dentro del hogar.
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