
Cuando los niños sacan buenas notas, son los primeros del salón o ganan un juego, una sonrisa de oreja a oreja se les dibuja en el rostro, pero, ¿qué sucede cuando no les va bien? Algunos se frustran, se enojan y hasta hacen rabietas.
“Lo que sucede es que todavía no saben manejar sus emociones ante una derrota”, explica la psicóloga Lizeth Limas, quien invita a las familias a dejar de asociar un resultado inesperado con algo negativo.
Por el contrario, recalca que estas experiencias pueden convertir a los chicos en personas más fuertes y resilientes.
¿QUÉ DEBEN HACER LOS PADRES?
Para ir por el camino correcto, la experta recomienda a los padres validar las emociones de sus hijos y, sobre todo, valorar el esfuerzo antes que el resultado.

“Los adultos son un gran ejemplo, así que también deben saber comportarse cuando algo no les sale como quieren”, señala.
Lo que definitivamente no deben hacer es compararlos con otras personas, dejar que siempre ganen, pues así no aprenden a manejar la frustración; resolverles todo o minimizar su enojo con frases como ‘no es para tanto’.
“Los niños no necesitan crecer creyendo que siempre van a ser los mejores. Más bien, deben saber que, si las cosas no salen como esperaban, podrán levantarse”, subraya Limas. Estas enseñanzas pueden aplicarse desde los 3 o 4 años.
DATITO
Si no se les enseña desde niños, podrían crecer siendo personas impulsivas, con dificultades para controlar sus emociones, comunicarse y enfrentar la frustración.










